La humanidad no resiste parar

Dos vecinos mirando hacia la calle durante la cuarentena, en Estambul, Turquía. Foto: Reuters


Ponerse categóricos o responder desde el explicable pánico, solo lleva a desastres. Que dominemos egoísmos, seamos disciplinados, solidarios y responsables sí tiene sentido. No nos engañemos, el encierro, la paralización del mundo, solo sirven parcialmente. No hay aún cura, solo gestiones mejores o peores de una crisis sin respuesta. Las cuarentenas totales, salvo para espacios muy circunscritos (como Puerto Williams), no han servido. El intento de combatir con cuarentenas totales al ébola en África terminó en un desastre sanitario. Ninguna ciudad, región o país puede vivir y salvarse, confinada largo tiempo.

¿Cuántos meses puede pararse el mundo? ¿Dos, tres, seis? No más. Y la información es que no habrá vacuna antes de 18 meses. A corto andar, la humanidad se destruiría a sí misma si se detiene. Sin productos y servicios que necesita para vivir, arrastrada a una cesantía y pobreza generalizadas, sin ingresos. Su sentido de comunidad roto, marchando a una crisis económica, social y política por la sobrevivencia, de alcances planetarios. En otras palabras, el “aplanamiento de la curva”, el encierro, el cierre de actividades sea por carencia de clientes o cuarentenas decretadas; el lavarse las manos, el no acercarse a menos de un metro de otro, son indispensables, pero parciales. Permiten ganar tiempo a una crisis de humanidad que necesita plazos mayores para solucionarse.

Agreguemos que esta catástrofe mundial es rara vez mortal para los niños, adolescentes y adultos jóvenes. Se estaría parando catastróficamente el mundo, solo por ser más letal para la tercera edad. Pero un confinamiento total de ella hasta aparecer la vacuna, también es inviable. Habría que eliminarla físicamente o vía contagio con el resto contaminado de la humanidad, cuando se provea de servicios médicos, alimentos u otros. Casi eutanasia. La mortalidad del coronavirus en ellos es solo de un 14% y no sé cuánto agrega a su mortalidad previa.

El mundo no puede parar porque nos destruimos como especie; y la confinación viable será parcial y transitoria, sea por geografía o por edad. Solo podemos administrar la crisis, hasta que se cree la vacuna. El coronavirus llevó a Chile a revalorizar instituciones y autoridades poco antes desahuciadas o consideradas incapaces de conducir nada. Predominó la conciencia de que eran las autoridades elegidas las responsables de conducir el país en esta crisis. Mejor si lo hace, como ocurre, con un comité de crisis respetado. Según la OMS, no lo ha hecho mal. Entregar la sobrevivencia de los chilenos al vacío o dispersión de autoridad, es suicida. Pero se requiere también algo más. No hay gobierno capaz de derrotar al coronavirus si cada chileno no se hace corresponsable de la tarea, dominando egoísmos y mezquindades, haciéndose disciplinado y solidario con el otro, especialmente con los más vulnerables.

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