La necesidad de recuperar la expectativa económica
Tras dos meses de gobierno, las encuestas muestran que una aprobación presidencial entre 36% (Criteria, a la baja) y 42% (Cadem, al alza). Podemos decir que, en lo grueso, el apoyo al Presidente ha bajado desde algo parecido al 58% que logró en la segunda vuelta de 2025, a una cifra cercana al 38% que sumaron las votaciones de Kast y Kaiser -dos candidatos afines- en la primera vuelta de aquella elección. Este escenario admite la hipótesis de que el gobierno se ha acercado rápidamente a lo que puede ser su base de apoyo amplia, asumiendo que la más estrecha sería el 23% de Kast en primera vuelta. Las noticias para el gobierno no son las mejores, pero tampoco del todo malas. Un análisis superficial podría llevarnos a la conclusión de que, en términos de apoyo ciudadano, Kast estaría siguiendo la trayectoria de su antecesor, quien en escasos sondeos superó la barrera del 35% y sufrió las consecuencias de este hecho, especialmente en cuanto a la dificultad para alinear a su coalición y la imposibilidad de implementar su agenda original. Los números son similares, pero los casos son distintos.
Una gran diferencia es que Boric fue perdiendo adhesión popular jugando las cartas del mazo de su programa y su identidad política -incluido su apoyo a la Convención Constitucional y su intención de terminar con el estado de excepción en el sur, entre otras- mientras Kast lo ha hecho fundamentalmente como consecuencia de una medida que sabía impopular pero estimó necesaria, como fue el ajuste a los parámetros del Mepco que derivaron en una fuerte alza de los combustibles. Así, pese a que ambos enfrentaron tempranas caídas en las encuestas, la señal para Boric fue que tenía que cambiar el rumbo, mientras la que recibe Kast es que debe volver a los fundamentos de su triunfo que, en materia económica, tienen que ver no tanto con la expectativa de crecimiento, sino con los beneficios que de este se esperan, especialmente cuando su larga ausencia lo hace más deseable. Pero encontrar el camino es más fácil que recorrerlo.
El principal objetivo comunicacional del gobierno, en el ámbito económico, debiera ser recuperar la expectativa ciudadana, algo que funciona como una fuerte palanca de la aprobación presidencial. A la espera de resultados concretos, necesita dar un sentido social a sus medidas, partiendo por reencuadrar su narrativa respecto de los ajustes. Hoy se parece demasiado a un plan de austeridad, arriesgando la credibilidad de los compromisos de campaña en cuanto a no tocar beneficios sociales. Puede hacerlo enfocando sus mensajes hacia una épica del esfuerzo orientada a que los recursos del Estado lleguen a quienes lo necesitan, propósito cuya condición necesaria es que los ministerios sectoriales y Hacienda unifiquen su discurso. Algo similar ocurre con el concepto de crecimiento, demasiado abstracto si no se sostiene donde la ciudadanía pone su esperanza, que no es el crecimiento en sí, sino sus efectos, las oportunidades que abre, particularmente el empleo.
Por Rafael Sousa, socio en ICC Crisis, profesor de la Facultad de Comunicación y Letras UDP
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