La nueva vivienda pública



Por Pablo Allard, decano de la Facultad de Arquitectura y Arte UDD

Como miembro del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano, celebro el anuncio del ministro Felipe Ward en cuanto a la creación de un anhelado “Banco de suelo” urbano y una secretaría ejecutiva en el Minvu para su gestión, enfocada en la construcción de vivienda de bajo costo en buenas localizaciones. La mayoría de los terrenos provendrán de los propios Serviu, así como otras reparticiones públicas que no los requieren para su operación, como Bienes Nacionales, Ferrocarriles o las Fuerzas Armadas, incluso de privados.

Ante la crisis de acceso a la vivienda evidenciada con la pandemia, la clave será avanzar en que ese banco de terrenos se convierta rápidamente en soluciones reales, que no solo reduzcan las condiciones de allegamiento y hacinamiento, sino además se conviertan en pieza clave para la regeneración de muchos de los barrios donde se emplazan.

En teoría, parece fácil, pero, en la práctica, requiere una serie de innovaciones y herramientas de gestión administrativa que solo serán efectivas en la medida en que haya voluntad política y avancemos en su concreción.

En este contexto, vale la pena destacar iniciativas del propio Minvu, que a través del Departamento de Gestión Urbana lidera el programa “Regeneración de Áreas Centrales RAC”, donde, junto a inversión en espacio público y equipamiento, se avanza en la concreción de una serie de pilotos de proyectos de vivienda pública para el arriendo en ciudades como Valparaíso, Talca y Valdivia; con diseños en densidad media acorde con el carácter de los barrios, maximizando el objetivo de integración y regeneración al responder a necesidades habitacionales y urbanas de su entorno bajo la premisa de “arriendo asequible y protegido”.

Durante treinta años, la política habitacional chilena apuntó a la propiedad de la vivienda más que al acceso a ella, bajo la idea de que la propiedad era un escalón para salir de la pobreza e informalidad. En la última década, ante la creciente movilidad residencial y necesidad de acceso a vivienda en zonas centrales, el Minvu se ha abierto exitosamente a generar subsidios al arriendo, como el recordado “¡chao suegra!”, y ahora explora potenciar la construcción de vivienda pública en arriendo.

Si bien el déficit habitacional alcanza a más de 470 mil familias, y el número de viviendas en estos proyectos piloto será limitado, la idea de que el Estado innove en este tipo de modelos es fundamental y urgente para demostrar que es posible ampliar el foco y complementar las políticas urbanas habitacionales ya existentes -como el DS19 o el reciente modelo de micro-densificación en barrios centrales-, con modelos innovadores e híbridos, incluso llegando a explorar la vivienda pública en concesión.

En otras palabras, es momento de pasar de la discusión a la acción, innovando y convocando a todos los actores y modelos posibles, de manera de cumplir con el sueño de ser el primer país emergente en el sur global en garantizar el acceso universal a la vivienda; y, por otro, que esta vivienda sea el motor de cambio y regeneración de barrios, dejando atrás el modelo de segregación socioespacial y dinámicas de exclusión de la vivienda en serie en la periferia, instalando una nueva política de vivienda pública.

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