La parentela

PIÑERA RECIBE AL SACERDOTE JOSE BERNARDINO PIÑERA34731

12/09/2018 PRESIDENTE PIÑERA RECIBE AL SACERDOTE JOSE BERNARDINO PIÑERA Foto: Mario Téllez / La Tercera


"Me cuesta creer en una denuncia que se hace más de 50 años después de ocurridos los eventuales hechos". Con esas palabras, el Presidente de la República, durante una actividad oficial en Temuco, se refirió a la denuncia de abuso sexual a menores contra el arzobispo emérito de La Serena.

Su tío.

Un mes antes, el 11 de julio, el mismo Presidente posaba con senadores, diputados, ministros y jueces ante un cartel con la leyenda #ElTiempoNoEsExcusa. Promulgaba la ley de imprescriptibilidad de delitos sexuales contra menores.

Es una ley controvertida, porque permite que, precisamente, un hombre ya anciano pueda tener que defenderse de una acusación por delitos cometidos hace 50 o más años. Pero eso es necesario, nos dijo el Presidente, porque "el tiempo no es excusa". Es que atreverse a denunciar es un proceso largo y tortuoso para las víctimas, en especial cuando sus victimarios son personas poderosas, como se ha probado con Karadima, Precht y, por cierto, Renato Poblete.

"A partir de hoy, el paso del tiempo no será nunca más un cómplice de los abusadores de nuestros niños, ni un aliado de la impunidad", dijo el Presidente en julio.

Sin embargo, cuando se trata de su tío, argumenta exactamente lo contrario: que el tiempo sí desacredita la veracidad de una denuncia.

Al día siguiente, Andrés Pío Bernardino Chadwick Piñera, quien es, a la vez, ministro del Interior, primo del Presidente y sobrino del cura denunciado, aseguró que lo dicho por Piñera "representa la declaración oficial del gobierno".

O sea, esta quedaría más o menos así: "El paso del tiempo no será nunca más un cómplice de los abusadores de nuestros niños, ni un aliado de la impunidad. El tiempo no es excusa. Pero en el caso del tío del Presidente, cuesta creer en una denuncia que se hace 50 años después".

El efecto en cadena fue inmediato. "Citan a declarar a los Huasos Quincheros para que informen sobre todo lo que sepan del Cura de mi Pueblo, que en parte de la canción dice: 'Cura de mi pueblo, cuando yo era niño, me dabas santitos y me hacías cariño'. Dicha falta no estaría prescrita", se burló el exministro y actual representante del Estado en el directorio de Aguas Andinas, Luis Mayol.

¿Si hubiera otros denunciantes del arzobispo emérito, se sentirán confiados para hablar ahora? ¿A quién deberían creerle, al Estado que los anima a hablar, o al que les quita credibilidad o incluso los pone en ridículo?

Es una contradicción flagrante entre el estándar que se fija para la familia presidencial y para el resto de los chilenos. Pero no es la primera.

Recordemos que el Presidente ya intentó designar a su hermano como embajador en Argentina (nombramiento que revirtió ante las críticas). Y que luego incluyó a dos de sus hijos en reuniones de negocios en China.

En septiembre pasado, los Piñera Chadwick celebraron los 103 años del tío Bernardino con un almuerzo familiar en el Palacio de La Moneda. No es necesario explicar lo improcedente del festejo. ¿O acaso a usted se le pasaría por la mente celebrar el cumpleaños de un tío llevando a toda su familia a festejar a su oficina?

Todo esto es más que una suma de desprolijidades. Es el desprecio por un principio fundante de nuestra República: la impersonalidad de la Presidencia. Esa idea, defendida desde Portales en adelante, de que "el gobierno es una entidad abstracta, un símbolo llamado Presidente de la República, absolutamente separado de la persona que lo ejerce".

Esta máxima que aprendimos en el colegio (la cita es del clásico texto escolar de Frías Valenzuela) ha sido reemplazada por una filosofía a lo Vito Corleone: la familia es lo primero. No olvidemos que la Presidenta Bachelet puso a su hijo a cargo de siete fundaciones estatales, porque, según su propia confesión, Dávalos y su esposa, Natalia Compagnon, le pidieron el cargo.

Salen las razones de Estado, entran los motivos familiares. Sale la República, entra la parentela. Sale Portales, entra Corleone.

Esa confusión tóxica de intereses privados con responsabilidades públicas quedará para la historia como uno de los legados más nocivos de la larga era Bachelet-Piñera-Bachelet-Piñera.

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