Opinión

La riqueza está en el norte… ¿y en Chile cuándo?

innovación internet Alfredo Cáceres

Les comento un dato curioso: casi todos los países ricos se instalaron en el hemisferio norte. Ahí está Europa occidental, Estados Unidos, Canadá, Japón, Corea del Sur, entre algunos pocos. Del selecto grupo de 40 naciones desarrolladas (de un total de 200), solo 2 se encuentran en el hemisferio sur: Nueva Zelanda y Australia. ¿Qué hicieron estos dos países? ¿Por qué Chile aún no alcanza ese nivel de bienestar económico y social? ¿Será realmente un problema geográfico?

Es importante advertir que no existe una única definición de desarrollo. El Banco Mundial considera desarrolladas a aquellas economías que superan los 14 mil dólares de ingreso promedio anual por habitante (este indicador Chile lo cumple). Por su parte, la ONU elabora el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que combina tres variables: ingresos, educación y esperanza de vida. Los países desarrollados registran un IDH sobre 0.9 (aquí Chile marca 0.86, que no alcanza para el desarrollo, pero es bastante alto). Con tan buenos indicadores, la pregunta es inevitable: ¿qué nos falta?

Más allá de los indicadores mencionados, hay al menos dos elementos fundamentales para considerar desarrollada a una nación: la productividad y la capacidad de innovar. Las sociedades desarrolladas no solo tienen ingresos promedio altos (lo que podría deberse a la disponibilidad de recursos naturales, por ejemplo), sino que poseen estructuras productivas complejas y diversificadas, empresas innovadoras, alta inversión en ciencia y tecnología, y estados capaces de sostener políticas públicas de largo plazo. Además, se preocupan de formar el capital humano adecuado para mejorar su productividad. En estas materias Chile quedó rezagado.

Australia y Nueva Zelanda lograron el desarrollo pese a su alejada ubicación geográfica respecto de los grandes centros económicos del mundo. ¿Qué hicieron? En primer lugar, ambos consolidaron estados de derecho sólidos, reglas claras y sistemas políticos previsibles. Segundo, desarrollaron sistemas educativos amplios y de buena calidad, lo que permitió formar una fuerza laboral altamente calificada. Tercero, promovieron una apertura económica diversificada, con exportación de productos primarios e incorporación de servicios avanzados, educación internacional, tecnología y finanzas. Resultado: altos ingresos, bienestar y cohesión social.

Chile avanzó a buen tranco hasta hace algunos años; sin embargo, nuestra productividad se estancó y luego todo se derrumbó... Hoy podemos salir de la modorra y replicar algunas buenas prácticas para retomar el ritmo hacia el desarrollo. Pero ¿por dónde empezar?

Lo más urgente: impulsar una verdadera revolución en innovación y productividad. Chile invierte alrededor de 0,3% del PIB en investigación y desarrollo, muy por debajo de los países desarrollados. Un objetivo razonable sería alcanzar al menos 1% del PIB en la próxima década. Y hay una lección clara: ningún país ha alcanzado el desarrollo sin educación de alta calidad. Mejorar la educación temprana, fortalecer la formación técnica avanzada y atraer talento científico internacional es clave.

Los países que hoy lideran el mundo tardaron décadas en consolidar una estrategia hacia el desarrollo, fortaleciendo y respetando su estado de derecho, invirtiendo en educación y productividad. No es un camino automático y requiere de esfuerzo. ¿Nos imaginamos un Chile desarrollado? Si lo podemos imaginar, lo podemos construir.

Por Lucas Palacios Covarrubias, Rector INACAP.

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