La ruta de Izkia Siches



Por Juan Ignacio Brito, periodista

Izkia Siches jugó un rol clave en el triunfo de Gabriel Boric. Su liderazgo fresco y cercano constituyó un aporte decisivo que ayuda a explicar el enorme arrastre electoral del candidato de Apruebo Dignidad en segunda vuelta.

Sin embargo, popularidad en campaña no es sinónimo de capacidad de gestión política en el gobierno. Hasta ahora, Siches ha mostrado mucho de lo primero, pero no tanto de lo segundo. Su indudable carisma es una cualidad muy valiosa, pero no suficiente, si es que pretende brillar en un eventual gabinete.

Es cierto que todavía es muy prematuro para hacer una evaluación y que a Siches le queda mucho espacio para crecer. Pero hay varios indicios que sugieren que la ex presidenta del Colegio Médico debe pulir algunos bordes filosos de su personalidad política. Porque, junto a los indudables méritos, es posible identificar asimismo en su breve trayectoria una serie de desaciertos que hablan de un manejo superficial de la información, cierta dosis de apresuramiento para emitir juicios o falta de templanza para manejar situaciones complejas: la imprudente entrevista que dio al podcast “Cosa Nostra” en marzo del año pasado, donde reconoció que “me fui de lengua” tras acusar de “infelices” y nefastos” a personeros de gobierno; el plan para un “cortocircuito epidémico” que lanzó en junio, según el cual era necesario aplicar un shock que habría paralizado al país; la apresurada acusación que lanzó contra el Ejecutivo en la jornada electoral del 21 de diciembre acerca de la supuesta existencia de “una operación para eliminar el transporte público” para favorecer a José Antonio Kast; la propuesta, luego relativizada por el presidente electo, de convocar a un diálogo en La Araucanía que incluyera a la Coordinadora Arauco Malleco, que acababa de reivindicar la vía violenta; y la denuncia errónea lanzada esta semana acerca de que se habrían acabado las cuarentenas para viajeros que llegan desde el extranjero, desmentida por el ministro de Salud.

Por ahora, Siches es una “política teflón” a la cual no le hacen daño estos deslices. Vive una luna de miel con buena parte del electorado, que está más que dispuesto a dejarle pasar los errores y a celebrar su innegable atractivo. Pero es posible que esa aura se desvanezca pronto si accede a un cargo de alta exposición y responsabilidad en el gabinete, donde a sus dotes comunicacionales deba sumar otros rasgos sustantivos de liderazgo.

Se suele decir que al gobierno no se llega a aprender, sino a aplicar lo aprendido. Partiendo por Gabriel Boric, ese no será el caso del Ejecutivo que asumirá en marzo. Para Izkia Siches, de aún más breve recorrido político que buena parte de sus jóvenes compañeros de ruta, la curva de aprendizaje deberá ser corta y acentuada.

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