La viga en el ojo del Apruebo
En estos días se han expresado diversas reivindicaciones de la opción “Apruebo”, derrotada el 4 de septiembre de 2022. Las académicas Leslie Sánchez y Tania Busch (carta del lunes en El Mercurio) afirmaron que la propuesta de la Convención “no eliminaba los contrapesos” democráticos. En sus redes sociales la exministra Carolina Tohá respaldó esa opinión, añadiendo que se inclinó por “aprobar y reformar los aspectos problemáticos, pero no hubiera votado nunca a favor de un texto iliberal”. En un encuentro en la UDP el exalcalde Daniel Jadue fue más allá y sostuvo que “votaron por el Apruebo más personas que ningún candidato presidencial y quedamos con un texto para el futuro”.
Ese tipo de aproximaciones contrasta con la de muchas figuras que históricamente se identificaron con la centroizquierda y que, sin embargo, el año 2022 votaron “Rechazo” en defensa de la trayectoria del Chile republicano (denostado por la Convención como pura “opresión y despojo”). Más aún, en los argumentos que esgrimieron referentes como el expresidente Frei, Genaro Arriagada, Oscar Landerretche, Javiera Parada, Belisario Velasco y tantos otros resonaba una sólida crítica tanto a la plurinacionalidad como a los patentes riesgos de concentración del poder y captura política de los tribunales que suponía la propuesta rechazada.
La inesperada reivindicación del Apruebo es importante por un motivo adicional: revela la persistente falta de autocrítica que se observa en los cuadros políticos y técnicos que hoy militan en la oposición. Si en su minuto la Convención y sus partidarios decidieron ignorar sistemáticamente las múltiples señales de alerta que instaban a rectificar el rumbo, ahora se insiste en la misma dinámica que tendía a desestimar casi cualquier cuestionamiento a la Convención y su texto como un “coro catastrofista”.
Cabe recordar que fue precisamente esa tendencia lo que llevó a las izquierdas a ignorar el significado político de la primera mayoría (con voto voluntario) que alcanzó el entonces candidato Kast en las presidenciales de noviembre de 2021. Lo propio ocurrió con la dimisión de Lorena Penjean (exdirectora del The Clinic) a la secretaría de comunicaciones de la Convención, cuya carta de renuncia ya anticipaba un fracaso análogo al “Brexit”. Y otro tanto en febrero de 2022 con el manifiesto fundacional de Amarillos por Chile, liderado por Cristián Warnken y entre cuyos firmantes destacaban los premios nacionales Iván Jaksic, José Rodríguez Elizondo y Sol Serrano. Ni siquiera serían escuchadas en los meses siguientes las advertencias del expresidente Lagos, quien a la postre terminaría absteniéndose (el primer socialista en llegar a La Moneda después de Allende no pudo votar “Apruebo”); y así, suma y sigue.
Nada de esto es trivial. Suele decirse que los cuadros y simpatizantes de las derechas son más desleales con sus dirigentes. Pero tal como han mostrado recientemente las fundadas objeciones contra el chapucero proyecto de reforma constitucional en materia de seguridad, esa actitud crítica también puede ser un activo de este sector (aunque sus políticos no siempre sepan aprovecharlo). Las izquierdas, en cambio, producto de una lealtad mal entendida y una inclinación a ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, siguen defendiendo lo indefendible pese al portazo que le dio el 62% del electorado cuatro años atrás.
Por Claudio Alvarado, director ejecutivo del IES.
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