Opinión

Las amenazas no distinguen, los impactos sí

Tocopilla fue uno de los últimos escenarios de los sistemas frontales que han azotado a Chile durante el último mes.

Vemos noticias y más noticias de terremotos, erupciones volcánicas, aluviones, inundaciones, tormentas y vientos extremos, temperaturas extremas, sequías e incendios, por todo el mundo. Fenómenos de gran escala y con una frecuencia abrumadora.

Chile no es la excepción. Parece que nos hemos acostumbrado a convivir con los desastres: forman parte de nuestra historia y no pasa mucho tiempo sin que la naturaleza nos lo recuerde con insistencia, tal como ha ocurrido estas últimas semanas. No nos deja olvidar nuestra vulnerabilidad.

La naturaleza no distingue entre personas; los desastres amenazan a todos por igual. Pero así como hay países, como el nuestro, más predispuestos a sufrir un mayor impacto por su geografía y ubicación, el impacto tampoco es neutro respecto de las personas. Como señaló el Banco Mundial en 2021, los distintos niveles de exposición y vulnerabilidad ante las amenazas naturales vienen determinados por diferencias estructurales dentro de la sociedad.

Existen desigualdades de ingresos, vivienda y cuidados que hacen que mujeres y niñas no estén en la misma posición cuando llega una emergencia. Las mujeres concentran los cuidados, los empleos informales, el desempleo y la pobreza. Ninguna de estas brechas explica por sí sola el impacto de los desastres, pero en su conjunto las ponen en una situación de desventaja: la vulnerabilidad las deja más expuestas, física y económicamente, a no poder enfrentar ni salir de las emergencias.

Un estudio del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres (Cigiden) de 2021 advierte que las inequidades de género se construyen entrelazadas con otras -clase, raza, edad, discapacidad- y que no reconocerlas no es neutral: ignorar las desigualdades existentes puede terminar profundizándolas.

Si eres mujer, cuando hay sequía y estás a cargo de los cuidados, tienes que caminar más lejos para conseguir agua cuando el camión aljibe no llega. Cuando hay que evacuar y tienes a cargo un niño pequeño o una persona con dependencia severa, no puedes hacerlo ni sola ni rápido. Después de un desastre, con menos ahorros, menos patrimonio y empleos más precarios, tienes menos posibilidades de salir adelante, mientras reconstruyes día a día la vida cotidiana y cuidas a quienes están sin escuela, sin sala cuna o sin acceso a salud primaria. El desastre continúa.

Aquí solo hay espacio para la protección de la vida y el bienestar de todas las personas, sobre todo de las más vulnerables. Necesitamos enfrentar los desastres con recursos adecuados y generando condiciones equitativas para toda la población, porque reducir la vulnerabilidad de quienes están más expuestos, como mujeres, niños y niñas, es proteger tanto su integridad como el desarrollo del país. Que los impactos sigan siendo desiguales no depende de la naturaleza, sino de nosotros.

Por Cristina Vio, directora ejecutiva de ComunidadMujer

Más sobre:DesastresEmergenciasMujeresCuidadosDesigualdad

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Algunos leen, otros se informan. Aprovecha esta oferta única.

Plan Digital+$4.120 al mes, de aquí hasta fin de año SUSCRÍBETE