Por Sylvia EyzaguirreEl futuro de Chile

Festejamos un nuevo aniversario patrio, sin embargo, no hay muchos motivos para celebrar. Nuestra economía se encuentra estancada. El Banco Central redujo su proyección de crecimiento para este año a un rango entre 0,25% y 0,75% del PIB, el más bajo de los últimos veinte años sin considerar la pandemia y la crisis subprime. Su efecto más directo se hace sentir en la alta tasa de desempleo, que asciende a 9,5%, la cifra más alta de los últimos cinco años, y la tasa de ocupación informal que bordea el 26,5%. El panorama internacional no es mucho mejor. La guerra entre Estados Unidos e Irán no parece estar cerca de su fin y el conflicto entre Rusia y Ucrania toma nuevos bríos. A la polarización política global se suma el llamado de Dario Amodei, cofundador de Anthropic, para ralentizar la velocidad con la que se están desarrollando las capacidades de los modelos de inteligencia artificial (IA) más avanzados, llamado que tuvo eco entre los principales desarrolladores de IA.
En este escenario de alta incertidumbre y pesimismo, la pregunta por el futuro que heredarán nuestros hijos vuelve a tomar fuerza. Pero ¿nos daremos el tiempo para intentar responderla? Los resultados de la prueba PISA, que mide competencias y habilidades críticas en jóvenes de 15 años, nos pone el dedo en la llaga. A nivel global, el informe muestra un retroceso en las competencias de comprensión lectora y matemática de los jóvenes. Pero en Chile la situación es para llorar. En pleno siglo XXI, casi el 60% de nuestros jóvenes no logra las competencias matemáticas básicas, retrocediendo dos décadas. Junto con ello, nuestros estudiantes muestran un descenso en la curiosidad y motivación, cualidades esenciales para el aprendizaje.
Al parecer uno de los factores que explicaría esta caída en los aprendizajes y en la curiosidad sería el uso inadecuado de dispositivos digitales y de IA. El 80% de los jóvenes en Chile declara distraerse frecuentemente en clases por el uso de celular, uno de los porcentajes más altos de la OCDE, y sobre el 50% declara usar IA al menos una vez por semana para realizar tareas de sustitución cognitiva. El Informe PISA encuentra que el impacto de la IA en los aprendizajes no depende de la frecuencia de su uso, sino de su intencionalidad pedagógica. El uso de sustitución cognitiva como resumir textos o redactar tareas tiene un efecto negativo sobre los aprendizajes, toda vez que la IA termina reemplazando el esfuerzo mental necesario para construir conocimiento y desarrollar habilidades. Por el contrario, usar la IA para retroalimentación o los tutores artificiales como apoyo para el estudio muestran una correlación positiva con el rendimiento académico en la medida que nos permiten aumentar nuestras capacidades.
Así, a pesar del desolador panorama global, algunos países demuestran que dar un salto es posible. Turquía, que hace una década tenía un rendimiento similar al de Chile, aumentó más de 60 puntos en Ciencias, apostando por la formación docente y la profundización curricular en reemplazo del cumplimiento superficial de extensos contenidos. Más sorprendente aún es el experimento desarrollado en El Salvador: en 171 escuelas la combinación de tutores virtuales con IA, conectividad y acompañamiento pedagógico permitió a los estudiantes en solo un año obtener más de 110 puntos sobre el promedio nacional, alcanzando rendimientos comparables con los promedios de Alemania o Suecia.
El gobierno ha concentrado sus esfuerzos de forma acertada en la reactivación económica, pero ha olvidado un factor clave: la educación. Hemos perdido más de una década con políticas que hierran el norte y es probable que perdamos otra década en enmendar dichas políticas en vez de concentrar los esfuerzos en los factores que mueven la aguja. Todavía estamos a tiempo de enmendar el rumbo y hacer de la educación el futuro de Chile.
Por Sylvia Eyzaguirre, Directora General de Humanidades, USS.
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