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Paso de ganso y uniformes grises: ¿por qué el Ejército de Chile adoptó el modelo prusiano?

Aunque la victoria en la Guerra del Pacífico tapó varias deficiencias, el alto mando del Ejército decidió modernizarse a la europea. Acá explicamos los orígenes de la Marcha Radetzky, la llegada de Körner y la influencia alemana que persiste hasta hoy.

Tras el triunfo chileno en la Guerra del Pacífico, junto con los arcos de triunfo, los recibimientos a los sobrevivientes y las loas, en el centro líquido del alto mando del Ejército de Chile se sacaba una conclusión tan valiosa como incómoda: habían serias deficiencias que se hacía imperioso corregir, y que las celebraciones por la victoria habían taponeado.

Así lo explica a Culto el historiador Rafael Mellafe, especialista en historia militar: “La Guerra del Pacífico reveló varias falencias en la orgánica de nuestro Ejército. Falta de un Estado Mayor, academias de guerra, planificación logística y varios puntos más que, durante la guerra, fueron prácticamente improvisados, pero dieron resultado”.

De este modo, fue durante el gobierno del presidente Domingo Santa María que el Ejército comenzó a buscar un nuevo modelo para reorganizarse. Y la mirada se puso e Europa. “Se comenzó a buscar un nuevo referente, una nueva ‘escuela’ en Europa -dice Mellafe- y la que sobresalía nítidamente era la prusiana”.

Presidente Domingo Santa María

Prusia fue acaso uno de los dos estados alemanes más importantes del antiguo Sacro Imperio Romano Germánico, (el otro era Austria, posteriormente separada en un reino propio durante las guerras napoleónicas). Parte importante del sistema de naciones europeo, destacado centro de la Ilustración, con la bullente Berlín como capital, fue una de las potencias que al inicios del XIX formó parte de la coalición que derrotó al emperador de los franceses Napoleón Bonaparte.

Tuvo participación en el posterior Congreso de Viena (1814-1815), que rediseñó el mapa de Europa tras la derrota napoleónica, y a partir de ahí, sobre todo con progresivas reformas internas y un sostenido crecimiento económico, hizo que durante la era del rey Guillermo I, Prusia fuese el estado alemán más importante e influyente. Este progreso se llevó a su ejército, el cual fue completamente reorganizado y modernizado con estándares profesionales.

Como resultado de la Guerra de los ducados, contra Dinamarca (1864), la Guerra contra austria (1866), y posteriormente la Guerra franco-prusiana (1870-1871) Prusia alcanzó la primacía más importante de los estados de raíz germana, y en 1871, en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles, en París, Guillermo I fue proclamado Emperador de Alemania. Un nuevo estado había nacido, y Prusia era su motor principal.

Por ello, por ser una pujante fuerza europea, y con un Ejército modernizado que había vencido sucesivamente a Dinamarca, Austria y Francia en menos de una década, fue que los chilenos decidieron adoptar su modelo. Sobre todo, por el resultado de la Guerra franco-prusiana en que Prusia prácticamente arrasó con el ejército francés, y además capturó al mismísimo emperador Napoleón III (el sobrino del célebre Bonaparte).

Napoleon III, emperador de los franceses.

“Prusia había resultado vencedora en la guerra que sostuvieron contra Francia entre 1870 y 1871, llegando incluso a sitiar París -explica Mellafe-. Su forma de hacer la guerra llamó la atención por la capacidad de maniobra y la velocidad en los desplazamientos, sobre todo utilizando el ferrocarril. Además, Prusia ya tenía academias para las distintas armas de su ejército, lo que otorgaba una gran oportunidad para desarrollar el pensamiento estratégico y la planificación”.

Hasta ese entonces, la escuela predominante en el ejército chileno era la francesa. “Recordemos que muchos altos oficiales de las guerras napoleónicas sirvieron en Chile durante nuestra independencia, como Jorge Beauchef o José Rondizzoni. Ellos trajeron la escuela francesa a nuestro Ejército, lo que con el tiempo se vio reflejado en el uniforme, pantalón rojo ‘glance’. la casaca azul y el quepís”, señala Mellafe.

Para concretar el cambio, se contrató al capitán Emilio Körner, un oficial alemán del arma de artillería, quien arribó al país en 1885, con la misión de comenzar el proceso de modernización del Ejército chileno bajo los estándares prusianos. El hombre tenía un buen currículum: era profesor en la Escuela de Artillería de Charlottenburg, Berlín; realizó estudios de oficial de Estado Mayor en la Academia de Guerra Imperial de Berlín en la década de 1870. Además, contaba con experiencia real de batalla, pues fue condecorado con la Cruz de Hierro de segunda clase por su desempeño en la guerra franco-prusiana.

Emilio Körner

Entre las academias y una marcha

¿Cómo fue la labor de Körner en el Ejército chileno? Lo comenta Mellafe: “Fuera de lo obvio, como los uniformes, el casco pickelhaube y armamento prusiano, se creó la Academia de Guerra del Ejército, se fundó la Escuela de Infantería y se cambió la doctrina del ejército, de la francesa a la prusiana. Es decir, se cambió la forma de pensar y analizar la problemática de la institución militar”. Körner incluso alcanzó el grado de Inspector General del Ejército, entre 1900 y 1910 (hoy, equivale al de Comandante en jefe).

El panorama incluso alcanzó el plano ceremonial, visible hasta hoy en la Parada Militar. Cualquiera que la haya seguido más de una vez recordará la melodía que acompaña el desfile de la Escuela Militar. Se trata de la Marcha Radetzky.

Compuesta en 1848 por Johann Strauss padre, en esos recovecos de la Historia no fue pensada en honor a un prusiano, sino a un austriaco. En rigor, al mariscal de campo conde Joseph Wenzel Radetzky, quien resultó vencedor en la batalla de Custoza, en el norte de Italia durante la revolución de 1848. Con ese resultado, Austria sofocó la revuelta nacionalista peninsular -liderada por el reino de Piamonte y Cerdeña- que se oponía a la ocupación austriaca de la región. La composición llamó la atención de los prusianos, y fue el propio rey Federico Guillermo IV, quien ordenó adoptarla por el ejército de Prusia. Así llegó a Chile.

“En 1896, el subdirector de la Escuela Militar, mayor Gunter von Bellow (prusiano de pura cepa) pensó que la marcha escrita por Johann Strauss (padre) sería ideal para esa institución y desde esas fechas forma parte de la Escuela Militar”; señala Rafael Mellafe.

A pesar de los años, para Mellafe la influencia prusiana en el Ejército aún es muy notoria: “Todavía se usa el casco pickelhaube, el color gris de los uniformes, el ‘paso de ganso’ en los desfiles. Las canciones como Yo tenía un camarada, Mi fusil y yo y tantas más. Sin duda que la doctrina militar ha ido cambiando y evolucionando en el tiempo, pero la raíz prusiana está”.

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