Les últimes humanes

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La política en Chile se está volviendo tan superficial y delgada como el hielo en las pozas. A ello contribuyen muchos factores: los periodos presidenciales cortos y maratónicos, la farandulización de la representación, la abdicación de la izquierda adulta frente a la política universitaria, y el movimiento oportunista de la derecha hacia un centro difuso. También cierta clausura elitista del debate público y el repliegue teórico de la izquierda hacia la contemplación extática de un "antineoliberalismo otromodelista" que el propio Fernando Atria ha dicho que aspira a ser a la política lo que "Joven y alocada" fue a la literatura chilena.

La virtualidad parece haber tomado finalmente por asalto nuestro espacio público. Cada uno está en su tema, ensimismado, predicando a los convencidos, cazando "likes" entre correligionarios. Las facultades tomadas por minorías desorientadas, egocéntricas y autoritarias son como un espejo de la forma en que muchos chilenos han comenzado a habitar el mundo: parapetados en sus sentimientos, soberanos absolutos de su pequeño reino individual. La otredad de los otros comienza a ser experimentada como un infierno. No es raro entonces que se apele cada vez más a mecanismos abstractos e indirectos para lidiar superficialmente con los demás: la policía, la ley, el dinero. Y si hace falta acomodar el lenguaje y limitar la libertad de expresión para no ofender, lo hacemos. Qué importa. En ausencia de cualquier aspiración a la verdad, todos los problemas son problemas de mera coordinación.

La pregunta respecto al porqué de los fenómenos sociales ha quedado suspendida, en la medida en que concebimos a todo otro como radicalmente ajeno. ¿Por qué bandas cada vez más violentas de menores de edad se dedican al delito? Vaya a saber uno. Lo importante es aumentar las penas y bajar la edad de responsabilidad penal. ¿Por qué tanta gente pobre se dedica al comercio informal ambulante? Quién sabe. Lo importante es echarlos de nuestras comunas. ¿Por qué el consumo de cocaína y marihuana se ha disparado en la población chilena, aumentando los recursos y el poder de los narcos? No sabemos. Legalizar puede arreglarlo. ¿Por qué se aborta en Chile? ¿Por qué tanta obesidad? ¿Por qué llegan niños al Sename? ¿Por qué aumentan los crímenes violentos? ¿Por qué hay mapuches en rebelión contra el Estado chileno? ¿Por qué ha aumentado el suicidio en los jóvenes y en la tercera edad? No tenemos idea. No nos importa. Hagan una ley, prohíban algo, suban las penas, métanle plata, echen a los extranjeros, que vuelva la pena de muerte. Hace falta más Estado, hace falta más competencia, hacen falta leyes. Y cárceles. Hagan lo que haya que hacer, pero no nos molesten.

Hemos olvidado preguntar por qué. Nos contentamos con tratar síntomas con herramientas toscas y deslizarnos por la superficie de los fenómenos sociales, que apenas podemos concebir como tales. Somos, cada vez más, los últimos hombres augurados por Nietszche. Les últimes humanes.

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