Levando anclas



Por Leonidas Montes, director del Centro de Estudios Públicos

El Presidente Gabriel Boric asume en medio de un océano de expectativas donde se avizoran formidables desafíos en el plano económico, político y constitucional. Partamos por lo más obvio. Pese a que el timón de la economía caerá en manos del capitán Mario Marcel, se avecinan tiempos difíciles. Aunque el ministro de Hacienda está preparado para sortear la lluvia de demandas sosteniendo el rumbo fiscal, las nubes se ven muy cargadas. El ajuste después de los retiros y los IFE será doloroso. Por si fuera poco, la inflación seguirá aumentando. El segundo semestre será duro para la economía, una disciplina que la joven elite política ha tendido a soslayar o menospreciar.

En lo político, el clima tampoco ayudará. Partamos por el gobierno mismo. En su recorrido político, el Frente Amplio ha mostrado gran habilidad para recoger las demandas de la ciudadanía. Y se han adaptado con notable destreza a las distintas corrientes. Pero el Frente Amplio tiene en su ADN una cultura más asambleísta, de colectivos e individualidades. Esto hará más difícil coordinar a un sector que, como su nombre lo dice, es demasiado amplio. Por de pronto, la relación con el Partido Comunista, que es ordenado, dogmático y obediente, será otro problema interno.

La nueva tripulación del Estado también tendrá desafíos exógenos. Las olas de los veinte partidos representados en el Congreso estarán crispadas. La relación con el Poder Legislativo se vislumbra tormentosa. No solo me refiero al peso de la derecha. Pesará también la discusión sobre el sistema político que se lleva a cabo en la Convención Constitucional. Como bien sabemos, hay voces que pretenden eliminar el Senado o al menos cercenar sus atribuciones. El Senado, con buenas razones, ya ha enviado señales de preocupación. Lo mismo ha hecho el Poder Judicial, que en la nueva narrativa constitucional se llamaría “sistemas de justicia”. La relación entre el Poder Ejecutivo, Legislativo, Judicial y el Constituyente, será otro gran desafío.

Y ya que hablamos de la Convención Constitucional, este será por cierto el mayor reto. Gabriel Boric es Presidente de Chile porque firmó el “Acuerdo por la Paz y una Nueva Constitución”. Pese a que el Partido Comunista y sectores del Frente Amplio se opusieron a este acuerdo, Boric optó con coraje y valentía por la ruta institucional. Gracias a eso le ganó a Daniel Jadue. Y después a José Antonio Kast.

Para esta generación que predica y encarna la nueva y verdadera transición, la nueva Constitución es un símbolo poderoso. Es el cierre del antiguo régimen y la esperanza de un nuevo comienzo. El éxito de Boric está unido al de la Constitución. Pero el Presidente tiene una responsabilidad republicana no solo con la aprobación de una nueva Constitución, sino con su contenido. Un texto excesivo e inconexo hará difícil su gobierno; y marcará su legado. Sabemos que los gobiernos cambian, pero las constituciones quedan.

En Valparaíso zarpó la nave bajo un cielo iluminado por un sol que irradiaba energía y buenas vibras. Y en el horizonte se asoma ese verso de Alexander Pope que dice: “Si la razón es una brújula, las pasiones son los vientos que nos acechan”. El Presidente requerirá de mucha cabeza fría ante esos vientos que pueden ser ráfagas acompañadas de rayos y relámpagos. Sin embargo, el argonauta Boric nació en Punta Arenas.

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