Levantando la mirada

Diputados oficialistas durante la sesión que culminó pasadas las 00.00 horas de este jueves.



Por Luis Larraín, presidente del Consejo Asesor de Libertad y Desarrollo

La política vive un momento extraño en Chile. Hoy todo es sobre coronavirus y la atención de la gente y los medios de comunicación está centrada en la evolución de la pandemia, tanto en sus aspectos sanitarios como en sus efectos económicos.

Así, asistimos con inquietud y esperanza a los reportes diarios del Ministerio de Salud sobre contagios en distintas zonas del país, personas fallecidas, hospitalizados en unidades de cuidados intensivos y disponibilidad de ventiladores mecánicos que salvan vidas. También observamos con preocupación los efectos devastadores de la pérdida de empleos y carencia de ingresos por el congelamiento de la actividad económica en buena parte del país. Por último, nos enteramos o sufrimos en carne propia los efectos de cuarentenas, encierros prolongados y otros cambios en nuestra vida cotidiana.

En este escenario, la política tiene un espacio también limitado. El gobierno tiene un rol claro. Debe liderar el combate contra la pandemia destinando todos los recursos sanitarios con que cuenta el país a ese objetivo, y también orientando recursos económicos y políticas públicas a paliar sus efectos. El rol de la oposición es más complejo. Si el conjunto de fuerzas políticas que la conforman tuviera un ADN distinto, estaría colaborando con el gobierno, como sucede en otros países. Pero no lo hacen, pareciera que son incapaces de hacerlo y el consenso es que han jugado un triste papel, criticando por nimiedades, quedándose en la anécdota pequeña. Pareciera incluso que reciben con beneplácito las malas noticias.

¿Y qué pasa en los partidos oficialistas? La verdad, a mi juicio, es que no todos parecieran tener demasiado claro su rol, aunque en este caso hay matices. Por una parte, están aquellos alcaldes que colaboran con ideas, con fiscalización y ayudando a la gente afectada. Otros, simplemente se suman a las quejas y llantos de la oposición, dejando en evidencia no solo su inoperancia y poca capacidad de gestión, sino también su talante moral. En el Congreso, los parlamentarios de Chile Vamos han tenido una actuación en general impecable, con alguna excepción que ya escapa a toda comprensión. Han apoyado las iniciativas del gobierno y entienden su rol en estos momentos.

Pero les falta jugárselas más, con sacrificio personal, en un tema: Chile Vamos debiera apoyar sin matices la iniciativa para rebajar significativamente las dietas y asignaciones, que en este ambiente aparecen como una burla para la mayoría de los chilenos. También apoyar los límites a la reelección y rebajar el número de parlamentarios.

La ciudadanía apoyaría este gesto, apreciaría el contraste con las maniobras dilatorias vergonzosas de algunos en la oposición y podría guardar la esperanza de que la centroderecha está dispuesta a mirar con mayor altura el importante rol que juega la política.

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