Opinión

Marcela no es ficción

Mujer joven sin trabajo isayildiz

Marcela tiene 47 años y vive en Chile. Tuvo dos hijos. Uno de ellos partió con constantes problemas en el colegio, pero con los años se ha ido estabilizando. No fue casualidad: fue el resultado de una larga peregrinación por especialistas para apoyarlo en sus desafíos.

Tal como muestra la evidencia para Chile (Contreras, Muñoz y Otero, 2024), con la llegada de los hijos se abrió una brecha de ingresos entre Marcela y su marido. Partieron ganando lo mismo, pero eso fue cambiando. Cuando coordinar especialistas, jardín y colegio se volvió cada vez más difícil, ella redujo su jornada. No bastó. Entonces decidieron que renunciaría a su trabajo remunerado “por un tiempo”. Al fin y al cabo, lo que ganaba no era mucho más de lo que gastaban en cuidados y transporte para sus hijos fuera de la casa. Fue la decisión de un momento, uno abrumador. Sumando y restando, hizo sentido.

Hoy sus hijos están más grandes y lo peor quedó atrás. Marcela empezó a buscar trabajo: preparó su currículum, entra a distintos portales de empleo todos los días, postula una y otra vez. Nada aparece. Lleva un año así, buscando un empleo formal. Estudió, trabajó, tiene experiencia, y aun así no encuentra. No puede quedarse sin hacer nada. Pasa a la informalidad.

Esto no es ficción. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el desempleo femenino continúa sobre el 10%. Ha subido dos puntos porcentuales en los últimos cuatro años. Además, la tasa de ocupación informal de las mujeres llegó a 28,3%, tres puntos y medio más que la de los hombres, una brecha que va subiendo con la edad: a más años, más diferencia entre hombres y mujeres.

Como bien vimos en nuestro último seminario con la Universidad Adolfo Ibáñez sobre estrategias para reducir el desempleo femenino, casi el 90% de las mujeres desocupadas ya ha trabajado antes, más de un millón de mujeres ni siquiera busca trabajo por estar cuidando a otra persona y las mujeres llegan al desempleo por renuncia casi el doble que los hombres. Entre aquellas mujeres que renuncian, una de cada cuatro lo hace por razones de cuidado (contra uno de cada treinta en los hombres).

La situación es crítica; revertirla no es fácil, pero es urgente. Cada día que pasa, es un día en que se afectan los derechos y el bienestar de las mujeres y su entorno, y en el que también ignoramos su potencial.

La reactivación económica es necesaria, pero por sí sola es insuficiente para resolver las dificultades laborales de las mujeres. Debemos abordar su contratación, pero también apuntar a las causas de que su permanencia en el mercado laboral formal sea tan volátil. Las políticas de empleo y de cuidados deben articularse para que las mujeres accedan a empleos de calidad y puedan mantenerse en ellos.

Marcela hizo sus cuentas: en su momento, renunciar pareció lo razonable. Lo que falta es que el país haga las suyas. Porque Marcela no es ficción, y tampoco es una sola.

Por Cristina Vio, directora ejecutiva de ComunidadMujer

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