Medalla de honor

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Esta semana, el físico Enrique Tirapegui recibió la medalla de honor de la Universidad Sorbonne por su contribución a la ciencia física. ¿Quién es Enrique Tirapegui?, se preguntará más de alguien.

Enrique es un destacado físico chileno de 79 años, con reconocimiento nacional e internacional. Estudió en la Universidad de Chile y se doctoró en París el año 1965. Trabajó como académico en las mejores universidades de Europa y Estados Unidos, y en 1981 decide volver a la Universidad de Chile para fortalecer el estudio de la física en el país. En 1985 fundó el seminario internacional "Inestabilidades y estructuras de no-equilibrio", que continúa hasta la fecha y ha jugado un rol fundamental en el desarrollo de la ciencia no lineal en Chile, promoviendo varias decenas de estudiantes chilenos para colaborar con la comunidad internacional.

También presidió la Academia de Ciencias. Bajo su presidencia abrió la Academia a los miembros de la disciplina, lo que fue considerado una revolución, evitando su inanición. El profesor Tirapegui ha sido un científico prolífico y ha hecho aportes importantes a la disciplina, gracias a los cuales ha obtenido innumerables reconocimientos, tanto dentro como fuera del país, entre ellos, el Premio Nacional de Ciencias Exactas (1991).

Pero no son sus grandes contribuciones a la ciencia lo que para mí hace tan especial a Enrique, sino su calidad humana y su genuina vocación científica. En Enrique, la curiosidad está viva y su pasión es contagiosa. Uno de los problemas que mantenían en vilo al profesor era la irreversibilidad del tiempo, donde se usaba teoría ergódica. Según su colega Servet Martínez, "la explicación era que los eventos dejan una estela suficientemente fina para que todo se esfume en el tiempo, pero la huella es suficientemente fuerte para que nada se pierda". ¡De haberlo conocido antes, hubiese estudiado física y no filosofía!

Sus cualidades humanas y científicas lo hacen un gran profesor, querido y respetado por sus estudiantes. Pero es la humanidad de Enrique lo que más conmueve. Su sencillez, simpatía, alegría, compromiso con sus alumnos y colegas hacen de Beauchef un mejor lugar. Su compromiso con Igor Saavedra, de quien se preocupó hasta el último día de su vida, nos habla de los lazos humanos que establece Enrique y de los cuales hoy estamos tan carentes.

¿Por qué en una semana donde han sucedido hechos históricos para el país se escribe sobre un científico? Durante esta semana se aprobó la reforma a la Constitución que hace posible un plebiscito para una nueva Constitución. Además, se aprobó en la Cámara un proyecto de ley que asegura equidad de género, escaños reservados para pueblos originarios y más facilidades para la participación de independientes en la elección de los constituyentes. Y si fuera poco, la UDI congeló su permanencia en la coalición de gobierno.

En esta crisis, la más profunda en los últimos 30 años, el país se juega mucho más que una Constitución; el país se está jugando su amistad cívica, la posibilidad de una convivencia pacífica. Para recuperar la amistad cívica se requiere más que una Constitución, se requiere más que una agenda social, se requieren personas como Enrique, que crean comunidad y encarnan los valores propios de una democracia: libertad intelectual, amistad genuina y tolerancia a la diferencia.

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