Ministros y Marcel: optimismo



Por Pablo Paniagua, investigador senior de la Fundación para el Progreso

La reciente presentación del nuevo gabinete de gobierno ha sido sin duda la gran noticia. Atrás quedan especulaciones líricas y estéticas respecto a poemas de Enrique Lihn que se leen delante de empresarios y nimiedades varias, pues esta nominación ha sorprendido para bien a todos, incluidos muchos escépticos como el autor de estas líneas. Los economistas tenemos un defecto incorregible: siempre comparamos y juzgamos a la realidad contra posibles escenarios plausibles; es decir, pensamos las cosas en términos comparativos o relativos. De esta forma, una cosa no es buena o mala de manera absoluta, sino que es más bien buena o mala en comparación a otras opciones posibles. Así entonces, la nominación del gabinete de Gabriel Boric es una noticia excelente en comparación a aquello que nos esperábamos la mayoría de los escépticos del futuro gobierno, que veíamos con preocupación un rol preponderante del Partido Comunista y de la izquierda más radical. En simple, la realidad del nuevo gabinete es —en términos comparados con las otras posibles opciones— algo relativamente bueno, pues es mucho más moderado y maduro, menos extremo políticamente, y mucho más técnico que las alternativas plausibles. O, parafraseando a nuestra expresidenta, siempre se puede nominar a alguien peor.

Todo esto es, en suma, una cosa muy buena para el país y un posible buen comienzo para el Presidente Boric, por tres grandes motivos.

Primero, hay un 50% de ministros que traen un equilibrio político más hacia la moderación. Boric ha dado un paso clave en confirmar su proceso de moderación y de maduración política, que se había iniciado después de su derrota en la primera vuela (¡bendita primera vuelta que puso paños fríos a una izquierda afiebrada!). Con este nuevo gabinete de gobierno, Boric amplió, de facto, su coalición a pesar de reservar cargos políticos clave a su círculo de hierro. La coalición se amplió mucho más allá de los horizontes de la izquierda radical y de Apruebo Dignidad (AD). Recordemos que la coalición de Boric estaba formada por el Frente Amplio, el PC y la Federación Regionalista Verde. No obstante, sólo el 50% de los ministros nombrados (12 de 24) militan en AD, mientras que el resto se reparte entre: 2 PS, 1 Partido Liberal, 1 PR y 8 ministros independientes.

Además, y con respecto a la influencia de la ex Concertación, esta es bienvenida y positiva para poder moderar los aires refundacionales de los jóvenes del sector. La ex Concertación logró posicionar a cuatro ministros dentro del grupo: Maya Fernández, Carlos Montes, Marcela Hernando y Jeanette Vega. Si sumamos además a los otros ministros que son afines y cercanos al PS, se pueden agregar a tres ministros adicionales: Mario Marcel, Antonia Urrejola y Begoña Yarza, quienes han colaborado con la ex Concertación. De esta manera, el sector de la ex Concertación o de centroizquierda llegaría al 30% del poder ministerial y el PS se posiciona como una fuerza de influencia política muy parecida al FA y al PC.

Segundo, aquí ha ganado la batalla la tecnocracia y la preparación técnica, al llevarse casi un 30% de los nombramientos. Con este gabinete, la tecnocracia y sus técnicos han recibido un nuevo aire fresco y un espaldarazo inesperado. Vaya la paradoja: los mismos jóvenes que rehusaban de la tecnocracia y de los economistas, hoy asumen que no pueden gobernar sin la frialdad y racionalidad de ellos. Resulta irónico que la colación de Boric, que apoyó con fervor los retiros y la irresponsabilidad fiscal, sean ahora los que tengan que recibir con brazos abiertos al principal actor que ha peleado en contra de dichas políticas: el ex presidente del Banco Central. La necesidad y la recta presupuestaria tienen cara de hereje.

Además, hay varios nombramientos que son muy buenos dado su experiencia técnica, su formación profesional y su falta de efervescencia militante. Por ejemplo, Antonia Urrejola en RR.EE., en Hacienda Mario Marcel, en Transportes Juan Carlos Muñoz, en Educación Marco Ávila, en Ciencias el doctor Flavio Salazar, en Medio Ambiente la doctora Maisa Rojas y en Energía Claudio Huepe, son todas personas con una alta formación académica y con exitosas trayectorias profesionales. Al menos 7 de 24 ministros tienen una muy buena formación técnica y experiencia profesional. ¡Los técnicos han muerto, que vivan los técnicos!

Tercero y finalmente, el gran ganador de estas semanas han sido los economistas y las entidades independientes como el Banco Central. Hay una gran parte de la izquierda que se ha empeñado en satanizar a los economistas (presuntos demonios neoliberales), creyendo incluso que se puede gobernar con puro voluntarismo millenial buena onda, desestimando lo que la ciencia económica nos ha enseñado. Con la llegada de un economista serio como lo es Marcel, el gran ganador de todo esto es sin duda la profesión económica ortodoxa y la entidad independiente que los encarna (el BC). Mario Marcel no solo cumple la función de “apaciguar a los mercados y a los inversionistas”, sino que representa los beneficios de la ortodoxia económica y del buen razonamiento económico, que son la antítesis de lo que representan los economistas del Frente Amplio, que creen en mitos y leyendas trasnochadas de personas como Mariana Mazzucato y Ha-Joon Chang. Por más que traten de olvidarlo los jóvenes del FA, la economía es el arte de poner parámetros y límites a nuestras utopías y no el unicornio con el cual creer alcanzarlas.

En definitiva, el Banco Central, a través de la nominación ministerial de Marcel, nos ha demostrado una vez más el valor clave que tienen las instituciones independientes y técnicas que están aisladas de los ciclos políticos y de las fiebres populistas. El gran vencedor no fue ni la izquierda ni la derecha, sino que nuestra institucionalidad independiente que hemos logrado consolidar en los últimos 30 años. Resulta alentador que, ante una ola antiliberal y populista liderada por demagogos que quieren instaurar democracias asambleítas o “repúblicas plebeyas” e ideólogos políticos como Atria y Ruiz que quieren “democratizar” o “popularizar” el Banco Central, Boric haya desestimado esos cantos de sirena populistas que conducen al despeñadero. Es una sublime ironía que, en tiempos de populismo y anhelos afiebrados de democracia radical y cabildos, el gran ganador de todo esto haya sido una entidad técnica, meritocrática y aislada de los vaivenes de la democracia. Por todas estas ironías de la vida, seamos cautamente optimistas.

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