Otra vez, la confianza

Aerial view of people demonstrating with a giant Chilean national flag against the government of Chilean President Sebastian Pinera in Santiago, on November 8, 2019. Unrest began in Chile last October 18 with protests against a rise in transport tickets and other austerity measures that descended into vandalism, looting, and clashes between demonstrators and police. / AFP / MARTIN BERNETTI

El país sigue sumido en una profunda crisis de confianza respecto de distintas instituciones, refrendada por cifras recientes. Ni el gobierno, ni los parlamentarios ni las empresas superan el 10%, según la Encuesta Bicentenario UC 2020.



El país sigue sumido en una profunda crisis de confianza respecto de distintas instituciones, refrendada por cifras recientes. Ni el gobierno, ni los parlamentarios ni las empresas superan el 10%, según la Encuesta Bicentenario UC 2020. Y aunque en el sector privado son varias las compañías que están liderando transformaciones auténticas para construir una nueva relación con todos sus stakeholders, todavía nos queda un largo camino que recorrer con miras a la transformación social, económica y valórica del nuevo mundo que habitamos.

¿Qué hacer?

El primer y mayor motor generador de cambios profundos en una compañía es “la propia conciencia”. Es decir, los valores de los dueños y líderes, expresados en el actuar de la firma. ¿Un ejemplo? Friosur, la pesquera controlada por José Luis del Río, que recientemente concretó el traspaso del 20% de la compañía a sus trabajadores.

“En Chile deberíamos dejar de seguir buscando culpables para nuestros problemas y sentarnos todos y con buena voluntad buscar respuestas colaborativas y de largo plazo, porque todos somos socios en este, nuestro único país”, sostuvo el propio Del Río.

Así como él, puedo dar fe que hay muchos otros empresarios que lideran compañías decididas a establecer relaciones virtuosas con su entorno. Como ejemplo, las empresas reconocidas por la Fundación Carlos Vial Espantoso, que premia la implementación de buenas prácticas en las compañías. Pero todavía queda camino por transitar.

Otro gran motor de cambio son las decisiones y elecciones de los clientes. Así, hoy asistimos a una creciente exigencia -que alcanza su máxima expresión en redes sociales-, donde los consumidores “castigan” a las empresas que “supuestamente” no se alinean con sus valores, ya sean estos sociales, medioambientales o de otro tipo.

Pero aún vemos que muchos de los mismos críticos, finalmente, optan por aquellos productos y servicios que tanto cuestionan públicamente. ¿A qué se debe esta paradoja? ¿Desinformación?

Si el problema es ese, podría haber allí una palanca de cambio. Y ya han surgido iniciativas en esta línea. En Sofofa, por ejemplo, se está trabajando en un Acuerdo de Producción Limpia para el Eco-etiquetado de Envases y Embalajes, que pretende fomentar la economía circular en el marco de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor -que, en simple, implica que los fabricantes se hagan responsables de los desechos que generan-, y que incluye, entre otros puntos, un sello para que el consumidor pueda reconocer si este cumple con un estándar ambiental determinado. ¿Por qué no hacer lo mismo con la trazabilidad del consumo del agua, indicadores de desarrollo humano u otro?

En Chile -según datos del Centro de Filantropía e Inversiones Sociales, UAI- en 2017 hubo donaciones por US$ 200 millones y, por otro lado, los consumidores gastan US$ 165 mil millones anuales en distintos productos y servicios. Redirigir incluso un pequeño porcentaje de este gasto a marcas o empresas que se alinean con sus propios valores sociales como, por ejemplo, la reducción de la pobreza, la lucha contra el cambio climático, equidad de género u otro valor social, tendría un gran impacto. El gasto de los consumidores puede ser la fuerza de cambio más poderosa.

Un tercer motor de transformaciones es claramente la relación con los trabajadores, un capítulo aparte, y definitivamente sustancial. Sobre todo, si consideramos que muchos colaboradores valoran ampliamente las empresas donde trabajan, pero son críticos de las “otras” compañías o “del empresariado”. Un mundo por explorar.

Pero no todo puede ser autorregulación, por lo que un cuarto motor de cambio es tener una buena regulación, que impone eficaz y eficientemente los estándares mínimos y comunes, que sanciona a quienes las infringen o que incluso puede incentivar algunos comportamientos deseables socialmente.

Chile está lleno de buenos empresarios que, por medio de acciones valientes, atrevidas y por supuesto más diálogo, pueden contribuir a hacer transformaciones y tender puentes con la sociedad. Pero también es una responsabilidad de consumidores, trabajadores y nuestros legisladores. Entre todos tenemos la oportunidad de impulsar un mejor camino de cara al futuro, para convivir mejor y de paso volver a reconstruir confianzas.

-El autor es gerente general de Grupo Prisma

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