Pandora Papers: lo legal no necesariamente es ético



Por Susana Sierra, directora ejecutiva de BH-Compliance

Ya se ha hablado bastante de los Pandora Papers, los paraísos fiscales y otros escándalos relacionados a esta investigación periodística mundial. Sin embargo, quisiera detenerme en un tema tan relevante como es la ética y la necesidad de elevar el estándar actual, ese que mide con mayor rigurosidad la vara moral dependiendo de quién sea el adversario, y no en base a la corrección propia.

En ese contexto, y ante la investigación que realiza la Fiscalía respecto a la polémica tercera cláusula en la compraventa de la minera Dominga -suscrita en un contrato en las Islas Vírgenes Británicas-, preocupa la posible existencia de un conflicto de interés, toda vez que el negocio dependía de las decisiones que se tomaran en el gobierno del Presidente Sebastián Piñera.

Y ahí es cuando vemos que lo legal no es necesariamente ético, y que cruzar la línea puede ser más fácil o común de lo que pensamos. En este caso, la investigación dará luces de lo que viene en materia legal o penal, pero por lo pronto, es un ejemplo de que un actuar probo no puede estar condicionado a lo que permita una ley, menos hoy, en medio de una crisis de confianza, con una ciudadanía cansada de la impunidad y que exige cada vez más equidad y transparencia.

Mientras no conozcamos la verdad, resultan llamativas las defensas irrestrictas o las acusaciones de falsedad, cuando la señal deseable es la invitación a que se investiguen los hechos y que exista la transparencia total del caso.

Los conflictos de interés afectan la fe pública, porque pueden constituirse en actos de corrupción, y el hecho que no se transparenten hace más fácil que eso ocurra. Si la brújula ética está perdida, no existen suficientes leyes que ayuden a recuperarla. Y no se trata de que queramos que existan más leyes, sino que erradiquemos la idea de que “si no está prohibido, está permitido”.

Un ejemplo concreto lo da Pedro Velásquez, el ex alcalde de Coquimbo condenado por fraude al Fisco que ahora es candidato a senador. La ley le prohíbe ser candidato a alcalde…, pero puede ser parlamentario sin problemas. Legal, pero éticamente injustificable.

Por otro lado, Chile es un país muy chico, con una sociedad pequeña, donde casi el 50% de las empresas son familiares, entornos cerrados que se conocen entre sí, y donde es más fácil privilegiar al amigo o pasar por alto los conflictos o potenciales conflictos de interés. Entonces, a pesar de que tenemos buenas leyes, como la ley de lobby, estas no se cumplen, porque estamos acostumbrados a que un llamado es más rápido que pedir una reunión formal. El tema es cómo se verá esa llamada cuando en unos años más salga a la luz.

Lo anterior nos lleva a la importancia de exponernos a dilemas éticos que nos permitan tomar decisiones respecto a las zonas grises a las que nos enfrentamos día a día, y para las cuales no siempre se debe tomar el camino más fácil o uno que es legal, pero que huele feo.

Y así como no todo es blanco o negro, no toda persona que utiliza paraísos fiscales para conformar sociedades en el extranjero es corrupta. Sin embargo -a pesar de que son legales-, la opacidad y la falta de transparencia de estas estructuras abre la puerta a irregularidades como el lavado de activos o el ocultamiento de dinero. Y es en este punto, donde es urgente concretar la creación de un registro de beneficiarios finales de empresas, en especial de aquellas que cuentan con entramados complejos, con el fin de conocer los destinos finales del dinero, combatir la corrupción, limitar los conflictos de interés y las prácticas anticompetitivas.

Actualmente se discute en el Senado el proyecto que modifica el sistema de compras públicas y crea el primer registro de beneficiarios finales de empresas que realicen contratos con el sector público, buscando que este se amplíe a empresas de todos los sectores y no limitarlas a proveedores del Estado. De hecho, los senadores solicitaron al Ministerio de Hacienda una copia del informe de la OCDE con las recomendaciones para la implementación de este sistema entre privados, lo que significa un gran avance.

En la vida y en los negocios, la línea ética puede ser fina, y debemos saber distinguirla y, sobre todo, cuestionar las áreas grises. Finalmente, la probidad -o la falta de ella- depende de cada uno, pero a la larga, nos involucra y nos afecta a todos.

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