El peligroso duelo entre EE.UU. e Irán

Trump

Foto: EFE


Tal como lo anunció Donald Trump en mayo pasado, cuando decidió retirar a Estados Unidos del acuerdo nuclear firmado con Irán en 2015, hace pocos días se concretó el restablecimiento de sanciones sobre Teherán, con la promesa de una segunda etapa en noviembre próximo. Una decisión polémica y fuertemente criticada, cuyas consecuencias van mucho más allá de lo meramente económico.

Considerado uno de los hitos del gobierno de Barack Obama, el Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA, por sus siglas en inglés) logró que el gobierno iraní —después de cuatro años de complejas negociaciones— aceptara poner límites al desarrollo de su programa nuclear (de uso pacífico, según Teherán) y a la supervisión internacional de sus instalaciones. Compromisos que, a cambio, permitieron levantar progresivamente las sanciones económicas impuestas durante casi una década por EE.UU., la Unión Europea y Naciones Unidas al país persa.

Sin embargo, este año Trump retiró a su país del acuerdo —firmado también por Francia, Reino Unido, Rusia, China y Alemania—, asegurando que Irán no lo estaba cumpliendo; algo que contradicen once informes elaborados por la Agencia Internacional de Energía Atómica, dependiente de Naciones Unidas.

A pesar de eso, el mandatario estadounidense ha asegurado que igual estaría dispuesto a negociar un nuevo acuerdo con el gobierno del presidente Hassan Rohani, en la medida que este incluya restricciones al programa de misiles balísticos iraní y el fin del apoyo de Teherán a la milicia chiita libanesa Hezbolá y a la agrupación palestina Hamas.

De momento, las restricciones que ya pesan sobre Irán afectarán directamente su economía y acceso a divisas. Pero de concretarse el segundo paquete de sanciones, que involucra limitar sus exportaciones de crudo, el impacto sería mucho mayor. Es que su "salida" del mercado petrolero mundial podría obligar a aumentar las cuotas de producción de otros países —para cubrir ese déficit— o llevar a un alza del barril de crudo.

Además, no hay que perder de vista que China es el principal comprador de petróleo iraní, con más de 600.000 barriles por día. Y si el gobierno chino considera que las restricciones impuestas por EE.UU. a Irán lo perjudican, eso se convertirá en un punto más de roce con Washington, en el marco de la actual guerra comercial iniciada por Trump.

Otro aspecto relevante es que con la decisión de salirse del JCPOA, Estados Unidos se distanció de aliados europeos clave, como Francia, Reino Unido y Alemania, ahondando la tensión que arrastra con ellos. Porque lejos de imitar la medida, el resto de los países firmantes ha manifestado su voluntad de mantener intacto el acuerdo nuclear.

De esta forma, Trump remarca una estrategia que muchos consideran que, lejos de fortalecer a EE.UU., lo aísla y debilita frente a sus aliados y al resto de la comunidad internacional.

Trump ha sostenido lo contrario, afirmando que su decisión sobre Irán fue apoyada de manera categórica —por ejemplo— por Israel y Arabia Saudita. El detalle está en que ambos países tienen sus propias motivaciones para estar a favor de restablecer dichas sanciones sobre Irán.

En el caso de Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu denunció desde un comienzo el peligro de que Irán tuviera un programa nuclear, ya que eso podía abrir las puertas al desarrollo de un arsenal similar al de Corea del Norte y generar una proliferación nuclear en Medio Oriente. En ese sentido, cabe destacar que Trump basó parte de su decisión en los informes que recibió de parte de Israel, con quien ha estrechado vínculos desde que llegó a la Casa Blanca; basta recordar la controvertida decisión de trasladar la embajada estadounidense desde Tel Aviv a Jerusalén.

Por su parte, Arabia Saudita apoya la medida impulsada por Trump, en tanto Riad mantiene desde hace años una verdadera "guerra fría" con Teherán por la influencia regional. De hecho, los intereses políticos y religiosos de Arabia Saudita, bastión musulmán sunita, y de Irán, baluarte de la rama chiita del islam, han chocado frontalmente en países como Irak, Siria, Líbano y Yemen desde hace años.

Trump ha reabierto una herida que tardó años en cicatrizar. Y eso, lejos de acercar a ambos países, solo está generando un nuevo foco de tensión internacional.

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