Perdimos el sentido común



Por Verónica Munita, periodista

Mucho se ha hablado del desprestigio que ha sufrido el mundo de la técnica frente a los políticos en el último tiempo, como una de las consecuencias de la actual crisis política e institucional que vivimos. Para muchos, lo que dicen los técnicos se trata de opinión de expertos, pero si se analiza con profundidad el fenómeno, parece que hemos perdido el sentido común.

Porque cada explicación que entregan los académicos para oponerse a algunas de las políticas públicas que han sacado adelante nuestros parlamentarios y el gobierno en el último tiempo, y que nos han producido nefastas consecuencias, no requieren de mayor análisis para entender que están siendo directamente perjudiciales para las personas. El retiro de los fondos previsionales o el IFE universal sin cuarentena de por medio son el último ejemplo de este tema.

Expertos de todos los sectores han criticado estas medidas, siendo acusados de no tener calle, de hablar a través del Excel, sin hacer análisis a escala humana, supuestamente desconectados de la realidad; como si ocuparse por recuperar los empleos, el crecimiento y controlar la inflación fuesen preocupaciones que solo afectan a las elites.

Perdimos el sentido común cuando vemos políticos de izquierda atacando duramente y sin respeto al presidente del Banco Central y a esta institución por cumplir su función principal, que es controlar la inflación, que sobre todo afecta a los más pobres, y por opinar con argumentos y datos.

Perdimos el sentido común cuando empezamos a tomar decisiones de política pública en base al chantaje. Es innegable que el gobierno extendió el IFE universal como la única salida para parar la amenaza de que sus propios parlamentarios y los de oposición apoyaran un cuarto retiro de fondos de pensiones. Sin importar que ya no existieran justificaciones sanitarias, que la medida estuviera produciendo presiones inflacionarias y problemas graves para encontrar gente que quiera trabajar, además de afectar las jubilaciones de cada vez más chilenos.

Perdimos el sentido común al iniciar la discusión de los retiros previsionales, cuando sus defensores utilizaron el argumento de la necesidad económica extrema para apoyarlos. Pero al proponerles un sistema de devolución de los fondos, se opusieron por considerar que se trataba de “letra chica”, olvidando que uno de los mayores problemas que tenemos como país es el de las bajas pensiones.

Perdimos el sentido común cuando transversalmente convertimos la focalización en una aberración. Hoy ningún sector político se atreve a defenderla, cuando se trata simplemente de utilizar de la mejor manera los recursos públicos que nos pertenecen a todos y entregar las ayudas estatales a quienes realmente lo necesitan. Durante esta pandemia quedó al descubierto que el Estado tenía serios problemas en la forma en que estaba otorgando los recursos a los más necesitados, dejando a muchas personas afuera. Pero en vez de buscar la forma de superar esos obstáculos, se optó por la universalidad sin contrapeso. Con todas las consecuencias que esto está teniendo en la economía y la deuda pública.

Es hora de que recuperemos el sentido común, que política y técnica vuelvan a conversar. Que los políticos dejen de hacerse los sordos frente a los datos reales y de que en vez de mentir a sus electores, tratando de convencerlos que 2+2=5 por su propio bienestar, tomen decisiones responsables, porque su liderazgo se va a medir no solo si son capaces de hacerlo, sino si además pueden lograr explicarlas y comunicarlas.

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