Perplejos

Control sanitario en Independencia mientras duró la cuarentena.

Control sanitario en Independencia mientras duró la cuarentena.

La pandemia instaló el miedo, el mismo que nos hace demandar restricciones que hace sólo meses rechazábamos por absurdas. Hoy, en cambio, queremos cuarentena total, cierre de fronteras, ciudades y de malls.



De golpe y porrazo, nos tocó habitar la incertidumbre. Pero en serio. Esa incertidumbre que las generaciones chilenas nacidas a partir del ’90 no habían conocido, como sí lo hicieron sus mayores quienes vivieron guerras, epidemias o dictaduras.

Incertidumbre, la imposibilidad de predecir lo que sucederá. Pero esta vez no sobre un horizonte lejano, sino de pocas horas o días. ¿Me contagiaré repentinamente con riesgo de muerte? ¿Accederé a un ventilador si tengo una crisis? ¿Perderé mi empleo? ¿Podré pagar las cuentas este mes?

Me temo que a esta incertidumbre tendremos que habituarnos por un buen rato. Inseguridad cotidiana crecientemente dominada por el miedo y caracterizada por la búsqueda ansiosa de respuestas rápidas y definitivas.

Y, sin importar el esfuerzo, no encontraremos respuestas concluyentes. Podemos compartir intuiciones, afinar proyecciones, pero lo cierto es que naufragamos en un mar de dudas. Las estadísticas al respecto no mienten, pero son precarias. ¿Quién puede asegurar cuál será la tasa de propagación si los parámetros comparativos se basan en monitoreos declarados por los gobiernos sin certificación externa y construidos sobre los casos detectados? Nadie puede. Y si consideramos también que esas mismas estadísticas varían según total de casos testeados en cada país, protocolos sanitarios, factores culturales, costo de los test, capacidad de procesamiento de los laboratorios, entre otros, la cosa es aún más compleja.

Sabemos poco, tenemos conciencia transversal de la crisis económica que se nos viene, pero ni idea de la magnitud y profundidad que tendrá la misma. Intuiciones sí, como ese 79% de personas que en la reciente encuesta Criteria piensa que es bastante o muy probable que algún cercano pierda el trabajo, ¡8 de cada 10 personas!

No sabemos, pero nos proyectamos para largo con esta crisis, lo que se refleja en que más del 70% cree que durará 6 meses o más. Vemos a los otros como menos responsables de lo que nos gustaría y nos confrontamos a diario con nuestros temores. Tenemos miedo a deprimirnos en el encierro, a contagiarnos, miedo a la muerte propia o de algún cercano, un temor que como sociedad no respirábamos hace décadas.

La pandemia instaló el miedo, el mismo que nos hace demandar restricciones que hace sólo meses rechazábamos por absurdas. Hoy, en cambio, queremos cuarentena total, cierre de fronteras, ciudades y de malls. Una mayoría valida el toque de queda y espera que las Fuerzas Armadas tengan la potestad de asegurar la cadena logística y de abastecimiento (73%). Y, hasta los más neoliberales reniegan y piden regulación de precios y de cantidades máximas de compras por producto (93%).

En definitiva, habitamos la incertidumbre de saber muy poco y es honesto que nos reconozcamos en esa disposición. El futuro aparece más incierto que nunca, y si no sabemos cuánto durará esta crisis ni sus alcances, parece hilarante pretender saber desde ya qué nos deparará el destino tras la misma. No sabemos y esa es la respuesta honesta.

En la contracara, aparecemos los analistas, opinólogos si prefiere, ávidos por anticiparnos, por escenificar el mundo que emergerá y al que deberemos adaptarnos. Hace años nos contaron que había llegado el fin de la historia, hace poco quisieron convencernos que las pandemias como amenazas radicales al orden establecido eran cosa del pasado. Hoy ya nos invitan a creer en el fin del capitalismo, en el advenimiento de una sociedad solidaria, en Estados más presentes o en futuros autoritarios con mayores restricciones a nuestras libertades y a la privacidad. Especulación, simple juego de premoniciones.

Antes de proyectar, de dibujar un futuro improbable, quizás sea mejor preguntar, escuchar y encontrar en las dudas de la ciudadanía nuestras propias perplejidades. La encuesta Criteria de los últimos días visibiliza que no hay consensos, sólo incertidumbre respecto de lo que vendrá. Las opiniones se dividen entre quienes sienten que nos hundiremos en el subdesarrollo y quienes creen que vendrán tiempos prósperos, entre quienes ven una agudización del individualismo versus los que ven el arribo de la solidaridad y entre quienes auguran el resquebrajamiento social contra los que ven mayor cohesión.

En fin, cuando hay más preguntas que certezas, lo más honesto es aceptarnos perplejos, admitir que no sabemos. Y desde esa actitud buscar respuestas que por cierto no serán definitivas, simplemente posibilidades.

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