Perro muerto

Mauricio Hernández Norambuena declara ante Mario Carroza

21 de Agosto del 2019/SANTIAGO El juez Mario Carroza(i), interroga al ex frentista Mauricio Hernández Norambuena, alias, Comandante Ramiro, a un día de su llegada a la Cárcel de Alta Seguridad, tras ser extraditado desde Brasil. FOTO: Eduardo Ramirez/ PODER JUDICIAL VIA AGENCIAUNO



La semana pasada un prófugo de la justicia regresó extraditado a Chile, el Ministerio Público dio una tardía señal de autoridad iniciando el proceso de remoción de un fiscal regional, un grupo de senadores anunció una querella contra la ministra Cecilia Pérez, y un diputado de la República presentó un proyecto de ley para crear el delito de "perro muerto".

Probablemente el diputado no reparó en la paradoja implícita en su iniciativa. Si bien la expresión "hacer perro muerto" responde a un criollismo referido al acto de comer en un restaurante y huir antes de pagar la cuenta, su definición bien puede aplicarse a la extendida práctica nacional de no querer asumir las responsabilidades.

Es del caso que el Comandante Ramiro, responsable del más grave atentado terrorista tras la recuperación de la democracia, pretende hacer perro muerto y no pagar la cuenta ante los tribunales. Para ello solicita una sustancial rebaja a su condena.

Por su parte, el Ministerio Público cree suficiente iniciar el proceso de remoción de un fiscal regional, obviando el cuestionamiento que la academia y actores del sistema procesal penal plantean por la sistémica falta de control en su accionar. La cuenta pública institucional permanecerá impaga en tanto no se adopten mecanismos procesales eficientes para precaver persecuciones penales excesivas o derechamente indebidas.

Del mismo modo, cuando un grupo de senadores promueve una frívola querella contra la ministra vocera de gobierno por sus dichos sobre el Partido Socialista, privilegiando cuestionar sus declaraciones, en lugar de abordar con seriedad la lucha contra el narcotráfico, hacen perro muerto respecto de sus responsabilidades legislativas.

Estos ejemplos evidencian la incapacidad de muchos para asumir sus propias responsabilidades y enfrentar los problemas en la arena que les corresponde. Por lo mismo, si bien un proyecto de ley que sancione penalmente el "hacer perro muerto", desnaturaliza y desprestigia el Derecho Penal al usarlo instrumentalmente y con fines comunicacionales, en un país en el que estamos acostumbrados a no asumir la responsabilidad, resulta a lo menos curioso.

El buen funcionamiento de las instituciones explica en buena medida por qué unas sociedades prosperan y otras no. Quizás por ello Bertold Brecht escribía -en otro contexto pero con innegable ironía- que "el aparato es la osamenta de la administración y del ejercicio del poder". Cuando no se asumen las responsabilidades y el recurso penal se convierte en un espectáculo, se pierde la confianza en el estado de derecho y las instituciones pasan a ser meras osamentas, un aparato o esqueleto del ejercicio del poder, sin músculos, nervios, ni órganos. El proyecto de ley que crea el delito de "perro muerto" posee entonces un acierto simbólico que ni el propio autor advirtió.

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