Opinión

Petro y Trump: business as usual

“Ha sido muy amable durante el último mes o dos. Antes de eso, sin duda, era muy crítico. De alguna manera, después del ataque a Venezuela, algo cambió su actitud”. Con esta frase pronunciada por Donald Trump el día anterior al encuentro con Gustavo Petro, el panorama de la reunión era bastante tenso y especulativo. Pero no, todo transcurrió dentro de lo diplomáticamente normal.

El encuentro no fue un choque ideológico, no hubo regaño ni foto solemne, claro, no fue una visita oficial, no se vieron banderas en la tradicional Ala Oeste de la Casa Blanca: Petro entró por el edificio Eisenhower y salió sonriente con la gorra roja MAGA (Make America Great Again). La escena parecía un meme en la forma, pero en el fondo se trata de una bocanada de oxígeno para la relación entre Estados Unidos y Colombia, que venía en cuidados intensivos.

El resultado inmediato fue un canal diplomático abierto directo para tramitar diferencias sin convertirlas en espectáculo. En lo sustancial, hubo temas de agenda previsibles: drogas y seguridad como prioridad, con un llamado de presión para golpear a los jefes del narcotráfico. Venezuela apareció como horizonte de reconstrucción y oportunidad —interconexión eléctrica, rol de empresas colombianas—, una visión de mediano plazo que reconoce a Colombia como aliado operativo. No se mencionó el tema de la exclusión de Petro de la Lista Clinton. Así lo confirmó el ministro de Defensa de Colombia, pese a versiones periodísticas que indican lo contrario.

Desde el Capitolio llegó la advertencia del senador de origen colombiano Bernie Moreno, invitado especial al encuentro: “Es fundamental que se garanticen elecciones libres, transparentes y justas, no solo el próximo mes, sino también en mayo y junio”, lo que indica que Washington vigila el escenario electoral en Colombia con lupa.

¿Quién ganó? Todos se quieren anotar el triunfo. A Petro le sirve para victimizarse y ordenar a la izquierda radical, pero con Trump nunca se sabe y el margen es mínimo. Nada que celebrar por ahora. Habrá que esperar cuánto dura el oxígeno. En política exterior, “business as usual” puede ser una bendición; en la interna colombiana, el riesgo sigue intacto.

Por Hatem Dasuky, periodista y exdiplomático colombiano.

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