Plebiscito como oportunidad



Por Eugenio Rivera, Fundación Chile21

El plebiscito representa la culminación de la primera fase del proceso abierto el 18/O, en que la población de manera masiva manifestó su rechazo a una Constitución carente de legitimidad de origen y que había sido determinante en la consolidación de una sociedad desigual (alta concentración del ingreso y acceso a los servicios sociales según capacidad de pago), un sistema político blindado frente a las demandas ciudadanas y mecanismos de decisión sobre las políticas públicas radicados en entidades independientes alejadas de la voluntad democrática.

Con el acuerdo del 15 de noviembre, el sistema político tuvo un momento reivindicatorio al lograr canalizar políticamente el estallido social que tenía de todo, movilizaciones pacíficas gigantescas, violencia callejera espontánea articulada con un gobierno sin capacidad de gestión política, una oposición fragmentada, un aparato policial deficiente técnica y moralmente, y el aprovechamiento de la situación por parte de sectores más o menos vinculados a la delincuencia. El 18/0 del presente año dejó en evidencia que el estallido sigue latente y sus características continúan vigentes, lo que hace indispensable que el proceso constituyente sea exitoso.

En 1988, la derecha sostuvo que el triunfo del NO traería el caos; hoy afirma lo mismo respecto del triunfo del Apruebo y la Convención Constitucional. Sus argumentos son débiles y denotan la falta de un proyecto de futuro. Se niega a pensar siquiera en la oportunidad sin precedente de tener una Constitución elaborada democráticamente, que permita un pacto social, pensiones, salud y educación concebidos como derechos universales, nuevas relaciones laborales, un sistema que deje atrás el hiperpresidencialismo y el centralismo. Se hace posible repensar el Estado, su modernización, su democratización y un nuevo rol para un modelo de desarrollo que supere el estancamiento congénito de la productividad, que ayude al surgimiento de nuevas actividades productivas que, estructuradas sobre la base de una nueva relación con el medioambiente, abran posibilidades de empleo calificado y bien remunerado y mejoren las condiciones de inserción en la economía global. El proceso constituyente es solo un primer paso; que debe ser seguido por la construcción de una relación distinta entre la ciudadanía y el sistema político, por buenos gobiernos y por políticas públicas que incorporen en su elaboración el protagonismo ciudadano. El plebiscito abre la posibilidad de una deliberación ciudadana renovada sobre la democracia, sobre el equilibrio entre los géneros, sobre la relación con los pueblos originarios, con la naturaleza, las migraciones y las nuevas tecnologías que si bien, abren oportunidades inéditas, traen consigo amenazas también desconocidas. Se reforzará así la democracia y el desarrollo.

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