Política exterior: la jungla está de vuelta

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Las demandas surgidas tras el estallido del 18 de octubre provocaron que la discusión sobre política exterior haya perdido presencia en el debate nacional. Las urgencias sociales, políticas y de orden público llenan la agenda. Hoy casi resulta frívolo preguntarse cómo debe lidiar Chile con los acontecimientos en Venezuela, los cambios de gobierno en Uruguay, Argentina y Bolivia, la campaña electoral estadounidense, etc. Sin embargo, el mundo sigue girando y allá afuera suceden cosas que nos afectan, como queda claro con el coronavirus.

Aunque la conducta internacional del país siempre ha tenido mucho que ver con sus procesos internos, y ello significa que la política exterior se verá determinada sí o sí por lo que está ocurriendo en Chile, es obvio que ésta debe tomar en cuenta lo que pasa en el planeta. Una cuestión ineludible que necesita ser considerada es que el orden mundial se encuentra en transición y que, por lo tanto, Chile debe encontrar su lugar en el nuevo escenario que despunta.

A partir de los 90, en paralelo con la reinserción política tras el fin del régimen militar, la política exterior chilena fue adquiriendo un marcado sesgo comercial, postergando -sin anular- otras dimensiones de la agenda exterior. En esa época, el tono “economicista” despertaba consenso, respondía a lógicas internas y obedecía también al hecho de que imperaba en el mundo un orden liberal que ponía énfasis en la globalización libremercadista y la promoción democrática bajo la hegemonía de EE.UU.

Esta realidad hizo que la política exterior chilena hipertrofiara el énfasis en los llamados “temas de futuro” (integración, progreso económico, globalización) y relegara los más tradicionales, vinculados al poder y lo territorial (aunque las crisis vecinales porfiaran por traerlos de vuelta). Incluso se pretendió abordarlos en “cuerdas separadas”.

Hoy, en cambio, la realidad internacional sugiere que “la jungla está de vuelta”, como ha sugerido el politólogo estadounidense Robert Kagan: recobran prioridad el nacionalismo y el balance de poder entre potencias antagónicas. Ignorar este hecho puede resultar costoso para Chile, un peso liviano forzado a operar en escenarios definidos por otros. Desde esta perspectiva, por ejemplo, concebir desde una mirada puramente económica el interés chino por vincularse a Chile y América Latina constituiría una ingenuidad.

Una adecuada inserción internacional de Chile obliga a reconsiderar cómo se promueven los intereses del país en estas condiciones distintas. Ello involucra adoptar decisiones ineludibles e impostergables. Deben primar el realismo y la conciencia de que las definiciones de los 90 ya no responden a lo que sucede en el terreno. Resulta imprescindible acomodar cambios que permitan una mejor defensa y proyección del interés nacional en un escenario nuevo.


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