Políticos notables



En los tiempos que corren, lo usual es decepcionarse de los políticos, más todavía cuando se trata de los miembros del Congreso. En efecto, los diputados y senadores son los personajes peor evaluados por los ciudadanos, lugar y reproche que la mayoría de las veces han ganado por sus propios deméritos. Y por eso que satisface encontrase con gestos y testimonios que dan cuenta de una firme convicción moral y política; es decir, aquella que no se ciñe a lo que resulta adecuado al interior de la comunidad de referencia, por la cual se pagan costos, e incluso te aísla de quienes piensan diferente o no han tenido el mismo coraje.

Fue el caso de Gabriel Boric, un líder de la izquierda y de los personajes mejor evaluados por los ciudadanos, quien se atrevió a decir que su sector político no debía continuar con el doble estándar en la defensa de los derechos humanos; y que no se podía seguir guardando silencio frente a los que ocurría en Venezuela, Nicaragua, Cuba o China. Y aunque esta afirmación parezca obvia para muchos, la verdad es que no lo es.

No lo es, porque una sector importante de la izquierda en Chile, como también de la derecha, han tenido respecto de esta materia un discurso y comportamiento tan inmoral como políticamente servil. Se levanta la voz para condenar las restricciones a los derechos fundamentales de aquellos regímenes que ven como adversarios, pero callan, relativizan y contextualizan las restricciones a la libertad, cuando se trata de sus aliados.

No lo es, porque incluso reconociendo que se trata de un tema controvertido, son muchos los que subordinan la defensa de los principios democráticos -suponiendo que los tienen- a consideraciones tácticas menores, como la supuesta unidad del sector o para no favorecer las posiciones de sus adversarios. Las críticas que hicieron Teillier, Jadue y otros líderes de la izquierda, son un buen ejemplo de lo anterior.

No lo es, porque somos presa de la tiranía de lo políticamente correcto, donde rara vez estamos dispuestos a defraudar las expectativas de la galería por decir nuestras verdades y actuar de manera consecuente con ellas, donde nadie quiere enemistarse con sus propios pares, especialmente ahí donde se confunde disentir con traicionar, y cuando los reyes del respeto y la tolerancia no trepidan en fusilar a sus propios pares, aunque sea para seguir enarbolando el eslogan y el panfleto.

Y pese a todo, no debería sorprenderme. Desde la forma en que fue elegido diputado por primera vez, pasando por los continuos actos de libertad que le hemos visto durante estos cinco años de vida pública, comienza a extenderse una idea sobre Boric: podremos estar o no de acuerdo con él, pero se trata de un huevón de verdad.

Comenta

Imperdibles