Rechazo rural: desafección y desconexión del proceso constituyente



Por Ignacia Fernández, investigadora asociada Rimisp – Centro Lationamericano para el Desarrollo Rural

Los análisis sobre los resultados electorales del pasado 4 de septiembre se han concentrado fuertemente en la votación de las grandes ciudades, en especial del Gran Santiago. Poco se ha dicho de los resultados en las zonas rurales del país, más allá de destacar la alta participación y el abrumador triunfo de la opción Rechazo.

Hemos trabajado durante todo el proceso constituyente en diálogo con habitantes de sectores rurales, fundamentalmente de las zonas centro y sur del país, con el propósito de conocer y posicionar sus demandas y expectativas en torno al proceso. Esas voces ligadas a la ruralidad nos ayudan, leídas en retrospectiva, a entender el comportamiento de los votantes de dichas localidades.

Los resultados indican que la obligatoriedad del voto logró doblar la participación rural, al punto de equipararla con la de comunas urbanas, pasando de un 40% de participación en el plebiscito de entrada a un 86% en el de salida. Esta es aún más alta en las comunas denominadas mixtas urbano-rurales, donde la participación el 4 de septiembre alcanzó el 89%. Las regiones con mayor participación rural se concentran en la zona central del país, O’Higgins, Maule, Metropolitana y Valparaíso, todas sobre el 90% de participación en el plebiscito de salida, en comparación con los extremos norte y sur, que no alcanzan el 70%.

La votación en las comunas rurales se distribuyó 70% para la opción Rechazo y 30% para el Apruebo. La cantidad de votos que obtuvo Gabriel Boric en la segunda vuelta presidencial es casi equivalente a la de quienes votaron Apruebo en esta última elección: 529.380 y 546.321 personas respectivamente. Las mayores diferencias entre Apruebo y Rechazo se sitúan en Ñuble, con un 21% versus un 79%; Biobío, 23% versus 77%; Maule, 24% versus 76%; Arica y Parinacota y Tarapacá, con 26% versus 74%, ambas.

¿Qué nos indican estos resultados? En todas las regiones del país se observaba una sensación de desconexión del mundo rural con el proceso constituyente. Así, la menor participación de las regiones extremas puede estar relacionada con una percepción de que el proceso fue cooptado por el centralismo político-administrativo del país. Se observa también que algunas de las disputas culturales que emergieron en este proceso estuvieron focalizadas en tradiciones asociadas al Chile central, como el rodeo o los símbolos patrios, que complementa la sensación de abandono de las regiones extremas, su identidad y tradiciones.

Esta suerte de desafección de los sectores rurales se avizoraba desde antes del plebiscito. En el marco del proceso constituyente se levantaron más de 100 iniciativas populares de norma relacionadas a temas de ruralidad, pero solo una obtuvo más de 15.000 firmas de apoyo requeridas para ser discutida en las comisiones. En la propuesta de texto constitucional se visibilizaba a la ciudadanía rural como nunca se había hecho, sin embargo los más de 12 artículos relacionados a la ruralidad no parecen haber logrado sintonizar con las demandas y expectativas de las y los habitantes de las zonas rurales del país. La pregunta sobre la que habrá que volver de cara a un nuevo proceso es, ¿cómo podemos recoger las voces de la ruralidad para que se sientan parte de un proceso tan relevante para el país?

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