Rehenes de Parisi
La cara de Franco Parisi, exultante, lo decía todo.
Había ganado.
Porque pase lo que pase, Parisi ya la hizo: y así lo dijo él mismo, en La Segunda. A río revuelto, ganancia de pescadores, y aquí, hasta ahora, el ganador es solo uno.
El líder del PDG jugó sus cartas bien (de ahí que la sonrisa no se la despinte nadie): recién bajado del avión desde Alabama, y antes de juntarse con el ministro Quiroz, ya había dado varias entrevistas en las que planteaba que el gobierno no les había cumplido el compromiso de reducir el IVA a los pañales y remedios, y que, por tanto, se bajaban del acuerdo de votar a favor. Pero siempre dejando la puerta abierta a negociar, claro está.
Así, entre gallos y medianoche -miércoles y jueves- le dobló la manó al muy empoderado ministro Jorge Quiroz, que tuvo que darle audiencia en tiempo récord para negociar e intentar convencerlo para que el PDG volviera a apoyar el megaproyecto de ley de reconstrucción. Quiroz, inflexible incluso con los suyos, y que se vanagloria de no ser simpático ni necesitar serlo, se tuvo que sentar con buena cara a la mesa con el líder PDG.
La cara de Franco Parisi a la salida de Teatinos 120 trasuntaba una sola cosa: triunfo político. Rodeado de micrófonos, dominando la agenda y mostrándole al gobierno que los proyectos y las ambiciones kastianas tienen un límite claro: él y los votos del PDG. Kast -si sigue por esta senda- llegará solo hasta donde Parisi le autorice, y le va a cobrar cada vez más caro.
El actual gobierno ha transformado a Parisi hoy en el gran decisor de este ciclo político. Al buscar allí y solo ahí su apoyo, lo ha fortalecido, lo ha hecho marcar el ciclo noticioso y cosechar triunfos que le proporcionan un pegamento nuevo y eficaz para que la bancada PDG se mantenga cohesionada. Esta vez Parisi ha decidido evitar los errores del ciclo pasado -de la que llama la “Generación 1” del PDG-, en que perdió literalmente a toda su bancada. Parisi 2.0 está presente, marcando la agenda, ubicuo, ejerciendo poder sobre su bancada. El rol de la diputada Pamela Jiles -que es la que está en el Congreso con la bancada- y de su hermana, la diputada Zandra Parisi, es nítido en evitar fugas e indisciplinas.
El candidato antipolítica, “ni facho ni comunacho”, tiene al gobierno de rehén. Los riesgos son obvios: no sólo en términos de la volatilidad de un partido sin ideología, fluido y flexible, sino que, además, porque usarán esta varita mágica de poder aprobar o no, de ser la medida de posibilidad para un gobierno sin mayorías, con toda la fuerza y sin empacho. En la política transaccional, viral y “sin filtro”, Parisi se mueve como pez en el agua.
Pero además de la inestabilidad de los votos, y del precio fluctuante e incremental que deberán pagar, en el gobierno de Kast están pavimentando el camino para la candidatura presidencial Parisi 2030. Al darle este lugar de privilegio -como la llave para cualquier logro legislativo relevante- están siendo de facto los jefes de campaña de la nueva aventura presidencial del líder PDG.
Irónicamente, por la izquierda también están haciendo su “contribución” a la candidatura de Parisi 2030. Primero, están mirando impávidos cómo el PDG se erige como “el nuevo partido de centro” (Cadem), se apropia de la identificación de la clase media, de la defensa de la meritocracia, y del nuevo precariado, que bicicletea para llegar a fin de mes. En minutas de coyuntura reservadas, desde think tanks progresistas levantaron alertas por el PDG, planteando que el papel de bisagra de esa colectividad representa una “peruanización del sistema político”, que “instala incentivos para más fragmentación, más oportunismo y menos previsibilidad” (según informó Ex Ante). Pero ese resquemor -por justificado que sea, y que es- es contradictorio con su conducta. Estuvieron todos dispuestos a dar sus votos para que la diputada Pamela Jiles fuera la presidenta de la Cámara hace solo dos meses, sin pensar en cuánto más se “peruanizaría” la política chilena si triunfaba su opción. Por último, el progresismo ha quedado totalmente eclipsado por el PDG en el debate por la ley de reconstrucción. No han movido ninguna aguja, pese a que parte de las voces sólidas que han alertado por los riesgos del plan corresponden a economistas de esa sensibilidad, como el mismo Manuel Marfán, expresidente del Banco Central, quien encabezó la comisión que lleva su nombre y que estudió justamente el impacto del crecimiento en la recaudación fiscal.
El gobierno sólo ha tenido ojos para Parisi, y no ha tomado en cuenta ni esas advertencias ni las del FMI, ni tampoco, en particular, las del Consejo Fiscal Autónomo.
Están pavimentando así el camino para que Parisi llegue a La Moneda el 2030.
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