Riesgo de Covid-19 ¡Apaguen las termoeléctricas!

Imagen Central-Mejillones



Por Sara Larraín, directora de Chile Sustentable

La última semana de abril, el 71% de la generación eléctrica en nuestro país provino de centrales sucias en base a combustibles fósiles: 40% carbón, 30% gas y 1% petróleo, lo que ha sido lamentable para las zonas de sacrificio por termoeléctricas a carbón, que vieron aumentados los episodios de contaminación en dicha semana.

Los impactos del Covid-19 no solo han afectado gravemente la salud de la población y provocado centenas de muertos las últimas seis semanas, sino que además las estrategias de confinamiento necesarias para prevenir mayores contagios han afectado gravemente los ingresos económicos de las familias especialmente urbanas, y más gravemente aún los ingresos nulos para aquellos hombres y mujeres en situación de pobreza e informalidad laboral, que dependen del ingreso que generan día a día para poder comer y comprar el gas, lo cual se agravara más con la llegada del invierno.

Esta situación implica un tremendo desafío económico y social para la autoridad, porque la situación de contagios de la pandemia no ha llegado aún al peak; y la irresponsabilidad de muchos chilenos puede provocar que este peak sea sanitariamente inabordable. Al mismo tiempo, puede implicar que el necesario confinamiento sea impracticable por la situación de falta de alimentos y combustibles en el caso de miles de familias y hogares carenciados. Es por esta razón que la pandemia no solo es un desafío de salud pública y de desactivación económica, sino también de equidad y justicia social, pero en este frente, con excepción del pago estatal de parte de las remuneraciones de los trabajadores suspendidos y la prohibición de corte de servicios básicos, no se está enfrentando con la pertinencia que requiere.

Los trabajadores informales y los pobladores carenciados han advertido claramente que la opción de no salir a trabajar no es una opción para ellos, pues implicaría no comer, ya que dependen del ingreso diario. Esta disyuntiva entre no comer o infectarse del Covid-19 no es social ni éticamente sostenible y debe ser abordada urgentemente por la autoridad. El Ministerio de Desarrollo Social debió estar desde el primer día coordinando la tarea de proveer alimentos a campamentos y barrios en esta situación y no dejar solos a los municipios haciéndolo que puedan. El Covid genera una emergencia sanitaria, pero también una emergencia social; ambas amenazas deben ser abordadas en conjunto.

Con respecto a la situación ambiental, aunque se han publicitado algunos beneficios de menor contaminación atmosférica debido a la pandemia, lamentablemente los episodios de alta contaminación ya han comenzado, debiéndose decretar premergencia en ciudades como Santiago y emergencia en comunas donde operan termoeléctricas a carbón como Quintero Puchuncaví, situación que intensifica los riesgos de contagio con Covid-19, como han alertado decenas de estudios científicos durante los últimos meses. Adicionalmente, ninguna disminución de emisiones en periodos de cuarentena puede resolver el grave impacto a la salud que las industrias contaminantes ya han provocado en la salud de la población, como son los casos de Mejillones, Tocopilla, Huasco, Puchuncaví-Quintero y Coronel, donde la prevalencia de enfermedades broncopulmonares, cardiovasculares y crónicas como asma las hace más vulnerable al Covid-19. Al respecto, diversos estudios científicos demuestran que la población que habita zonas contaminadas es doblemente vulnerable por sus enfermedades preexistentes y porque las partículas de MP constituyen un vehículo para el ingreso del virus al organismo.

Los investigadores de la Universidad de Harvard descubrieron que un aumento de la contaminación del aire a largo plazo de 1 microgramo por metro cúbico de partículas pequeñas puede aumentar el riesgo de morir por Covid-19 en un 15%. Mientras tanto, un estudio realizado por la Universidad de Siena evidencia que los pacientes con Covid-19 tienen más probabilidades de morir si viven en regiones con altos niveles de contaminación atmosférica.

En la misma línea, un estudio realizado en 2019 por el Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica en dos localidades contaminadas por emisiones de termoeléctricas a carbón, estableció que los riesgos de muerte y de prevalencia de enfermedades respiratorias y broncopulmonares son significativamente mayores en las comunas de Tocopilla y Huasco, en comparación con los niveles promedio del resto del país. Es decir, las personas expuestas permanentemente a contaminantes atmosféricos como los 250 mil habitantes de las zonas de sacrificio por termoeléctricas a carbón, son más vulnerables a enfermarse y morir de Covid-19, además de estar afectadas por enfermedades cardiovasculares, respiratorias y cánceres.

A poco declarar el Covid-19 como pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que el Covid-19 podía tener mayores consecuencias en los ancianos y quienes padecen ciertas enfermedades. Entre dichas patologías que agravan la situación frente al Covid-19 destacan: enfermedades broncopulmonares y cardiovasculares, justamente asociadas a enfermedades prevalentes por contaminación de termoeléctricas a carbón.

Es esta amenaza la que ha alertado a los habitantes de Quintero y Puchuncaví, hoy bajo decreto de emergencia ambiental por contaminación atmosférica, a demandar al gobierno el cierre inmediato de las carboneras Ventanas 1 y Ventanas 2 de la empresa norteamericana AES Gener, adelantando su retiro que está programado para 2020 y 2022 respectivamente. Lo mismo han demandado las organizaciones de Mejillones: adelantar el cierre de las termoeléctricas Mejillones 1 y 2 de la empresa francesa ENGIE (programado para 2024), en el contexto de los graves niveles de contagio de Covid-19 que hoy sufre la comuna, hoy en cuarentena.

Los habitantes de Huasco al inicio de la emergencia del Covid-19 ya habían solicitado al gobierno poner fecha de cierre de las unidades carboneras Guacolda 1 y Guacolda 2, pues la comuna sufre altos índices de mortalidad y morbilidad asociados a enfermedades por contaminación atmosférica, por sobre la media nacional, y no obstante ello, ninguna de las 5inco termoeléctricas de AES Gener que operan en la comuna tiene fecha de cierre. Esta demanda incluso fue llevada al Comité de Recuperación Ambiental y Social -CRAS- de Huasco, el pasado 12 de marzo, donde todos los integrantes de gobierno, el alcalde, sectores productivos y organizaciones de la sociedad civil, solicitaron a AES Gener el cierre de las dos carboneras más antiguas que operan en la comuna.

La autoridad energética ha informado que la última semana de abril 71% de la generación eléctrica en nuestro país provino de centrales sucias en base a combustibles fósiles: 40% carbón, 30% gas y 1% petróleo, lo cual explica los altos índices de contaminación atmosférica y las declaraciones de emergencia recientes. Estamos recién a inicios del periodo invernal, donde emergen con fuerza los resfríos, la gripe, la influenza y otras enfermedades broncopulmonares, a las cuales se suma el Covid-19. Pero al mismo tiempo, la demanda eléctrica se ha reducido en casi 5%, lo cual incrementa la holgura del parque eléctrico excedentario que tiene nuestro país. ¿No será la oportunidad y el momento de adelantar el cierre de carboneras establecido en el Plan de Descarbonización y así prevenir mayores impactos en estas comunas hoy tan vulnerables al Covid-19, debido a la alta contaminación y a las enfermedades prexistentes en dichas comunas?

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