Rol de las coaliciones en debate constituyente

Temáticas de la Constitución de la Republica de Chile

Su papel no debería limitarse solo a proveer candidaturas, sino que ante todo deberían ser capaces de brindar plataformas programáticas coherentes, para ayudar a canalizar el debate que se avecina.




La etapa que viene tras el contundente triunfo del Apruebo en el plebiscito será fundamental para asegurar que el proceso que se iniciará en mayo del próximo año -cuando comenzará a sesionar la Convención Constituyente con sus 155 representantes elegidos para tales efectos-, logre llegar a buen puerto. Dos hitos median de por medio: la inscripción de candidaturas, que será en enero del próximo año, y la elección de los constituyentes, en abril próximo.

Aun cuando los partidos jugaron un papel muy discreto en la efervescencia que despertó el proceso que culminó en el plebiscito -fue un hecho que en los movimientos sociales las banderas de los partidos prácticamente no flamearon, y tampoco hubo líderes políticos que encabezaran estos procesos-, las colectividades, pero especialmente las grandes coaliciones, sí están llamadas ahora a desempeñar un importante rol, a fin de estructurar soportes programáticos que permitan canalizar y dar coherencia a las múltiples miradas que han aflorado en todo este proceso.

Sería equivocado suponer que el papel de las coaliciones se debería limitar a suministrar nombres para la Convención Constituyente, apostando a rostros conocidos o a figuras que puedan asegurar un buen resultado electoral, pero que no necesariamente se identifiquen con un ideario tan claro. Antes que eso, las coaliciones deben procurar que las candidaturas que éstas apoyan representen corrientes de pensamiento y postulados bien definidos, porque de esa forma los electores podrán ejercer un voto mucho más informado. Son estas coaliciones las que deben elaborar esta propuesta programática constitucional, y velar para que sus candidatos reflejen de la mejor forma posible dichos planteamientos. No sería una buena señal que la Convención terminara fuertemente atomizada en visiones ideológicas, tal como ocurre hoy en el Congreso, porque ello a la larga dificultaría lograr acuerdos amplios, una condición indispensable para que la nueva Constitución logre ver la luz.

En el poco tiempo que queda, las coaliciones deben abocarse a la tarea que probablemente descuidaron todo este tiempo, que es el diseño de plataformas programáticas coherentes y que logren sintonizar bien con las aspiraciones de la ciudadanía. Para ello no basta con alcanzar “mínimos comunes”, pues si bien ello podría servir para efectos de una estrategia electoral, resulta insuficiente para asegurar una discusión de contenidos constitucionales en profundidad.

Este imperativo cruza tanto al oficialismo como a la oposición. Parece un hecho que esta última, habida cuenta de la dispersión de fuerzas que conviven en su interior, le será más difícil concordar estas propuestas -las dificultades que incluso han tenido sus dirigentes para posar todos juntos en una foto oficial da cuenta de estos roces-, pero la centroderecha tampoco debería descuidarse sobre este punto, pues a pesar de su mayor uniformidad es un hecho que también hay matices sobre el rol del Estado, el nivel de los impuestos o hasta dónde debería extenderse la subsidiariedad.

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