Se descorre el velo

Foto: Juan Farías




Hoy comienza oficialmente la campaña de la primera vuelta de una elección presidencial, que viene precedida de un muy nutrido calendario de comicios que marcaron buena parte de la vida en pandemia. Probablemente también la situación de excepción pandémica que hemos enfrentado como país puede haber influido en la conducta cambiante que han tenido sectores de votantes, como los adultos mayores cuya presencia disminuyó en las últimas elecciones, ausentismo sobre el cual todavía no es posible comprobar razones reales que expliquen este cambio.

Cuando por estos días abundan los argumentos en relación a lo abierta que está la elección -como lo registran todas las encuestas- o la distancia con la que todos miran los resultados que arrojan los estudios de opinión (que en Chile, como en otros lugares, del mundo han equivocado sus proyecciones), bien vale reflexionar sobre los porqués de este escenario de incertezas que marcan todos los análisis.

No cabe duda de que el estallido social estableció un antes y un después en el país, no solo en la reconfiguración de las correlaciones de fuerzas sino, sobre todo, en la forma en que la ciudadanía evalúa a sus liderazgos y la credibilidad y confianza que tiene sobre las instituciones, la política y sus representantes. No menos importancia tiene el hecho de que el mensaje implícito que dejaron los meses de protesta fue que sin movilizaciones que se expresen en todos los planos, no es posible obtener resultados positivos.

Si a eso le sumamos los datos de corrupción, que lejos de disminuir continúan emergiendo desde el mundo público y privado -incluyendo en este caso a situaciones de la Convención Constituyente y en especial a lo que fue la “Lista del Pueblo”- no debiera sorprender que a pocos días de la primera vuelta y en momentos en que comienza esta campaña, las incertezas sobre los resultados definitivos marquen a medios, analistas y a los propios comandos.

No hay que olvidar que hace pocas semanas, todos los pronósticos de la primaria legal daban por seguros vencedores a Lavín y Jadue y que el resultado final fue muy diferente a lo que se pensaba.

Lo real es que Sebastián Sichel representa a un sector que ha sido duramente sancionado en los últimos comicios, que el gobierno del que formó parte ha registrado la más baja adhesión ciudadana desde la recuperación de la democracia y que la actual oposición -en sus diferentes expresiones- ha logrado triunfos electorales que reflejan en las urnas lo que la gente siente y piensa sobre lo ocurrido en estos años.

Son sin duda datos que sirven para establecer puntos de partida, pero nada que permita instalar certezas para lo que viene. Que nadie se dé por vencedor porque ahora recién comienza esa dramática batalla para convencer a un electorado que ha demostrado estar más atento y crítico que en el pasado, que mira con desconfianza a quienes levantan discursos populistas y que, por sobre todo, busca que en la próxima elección el elegido asuma de verdad los cambios que Chile necesita, pero lo haga garantizando gobernabilidad y paz social.

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