Se nos olvidó la manzana

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Por Ricardo Abuauad, Decano Campus Creativo UNAB y académico UC

Algunas ciudades del mundo nos gustan por sus espacios públicos, monumentos, calles y servicios, pero ellas comparten otra cosa fundamental: existe un proyecto para la manzana, una forma pensada de habitarlas y construirlas, de disponer en ellas construcciones y vacíos. Entre nosotros, la manzana ha desaparecido.

Nuestras ciudades se construyen pasando del plan general al del lote, sin escala intermedia: la manzana hoy no es otra cosa que la resultante de lo que es posible construir en cada predio. Sanhattan, con cada edificio resolviendo la edificación de su propio terreno, y generando espacios residuales alrededor de él, es la muestra más obvia. Naturalmente hay excepciones, pero la regla general es esa, y el resultado es deficiente. Porque la manzana, esa unidad fundamental de predios bordeada de calles, es objeto de una importante reflexión en el mundo, y no participamos de ella.

¿Las preferimos cerradas, edificadas en sus bordes, como las de nuestros cascos históricos? ¿Recorribles con pasajes y cités como explica para el centro de Santiago José Rosas? ¿Abiertas como las del movimiento moderno? ¿Traspasables pero compactas, como las del Premio Nacional Germán Bannen para la zona comercial de Providencia? ¿Permeables como las propone el Premio Pritzker Christian de Portzamparc (“îlot ouvert”), capaces de ser atravesadas peatonalmente? ¿O como las supermanzanas de Barcelona que la ONU pone como ejemplo contra el cambio climático? Cualquiera de esas reflexiones claves quedan fuera de cuestión cuando la manzana como unidad desaparece del debate y de la planificación, cuando esa unidad, esa escala, no existe en la discusión.

Oriol Bohigas, uno de los grandes responsables de la Barcelona actual, fallecido hace unos días, declara que “…no se trata de reproducir textualmente las morfologías históricas, sino de reinterpretar aquello que hay de leíble y antropológicamente conformado en la calle, la plaza, el jardín, el monumento, la manzana…”. No copiar fórmulas del pasado, sino revisarlas, pero respetando ese abanico básico de cuestiones que están grabadas en nuestras cabezas sin hacerlas desaparecer (Bohigas lo llama “legibilidad”, aquello que “el ciudadano pueda comprender sin dificultad”).

¿Por qué es esto importante para Chile hoy? Porque nuestra enorme crisis de vivienda exige no solo que construyamos casas, sino que seamos capaces de producir barrios, comunidades, espacios de encuentro. La manzana bien pensada permite combinar llenos y vacíos, pensar formas de vivienda (tipologías variadas, lugares de convivencia, abiertas a diferentes tipos de habitantes, con usos múltiples) que complementen y mejoren las soluciones estandarizadas habituales (casa aislada, bloque, torre). Permite conformar mejor la calle, darle un uso comunitario al suelo. Estimula la caminabilidad.

La manzana es fundamental, pero la hemos dejado fuera de nuestras ciudades. Es un error. En palabras del mismo Bohigas: “el abandono de esos cánones provoca la muerte de la ciudad”.

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