Subsidiariedad a 29 años de Jaime Guzmán

Los esfuerzos del gobierno se han concentrado en aumentar las camas por región. Mario Tellez/La Tercera



SEÑOR DIRECTOR

El país y el mundo atraviesan una crisis sanitaria y económica que aún no tenemos idea de cómo, cuándo, ni cuánto tiempo tomará sobrellevar. En medio de esta catástrofe, los gobiernos intentan, con medidas excepcionales, controlar la propagación del virus y contener el descalabro económico. El escenario nos invita, una vez más, a repensar el protagonismo del Estado en nuestra vida social.

Tal como siempre lo enseñó Jaime Guzmán, hasta que lo asesinaron hace 29 años, el rol del Estado debe ser subsidiario, es decir, de ayuda. Esto implica que todo auxilio debe ir en beneficio de quien más lo requiere, precisamente porque los recursos humanos y económicos son siempre limitados, pero además para no ahogar las libertades. Esto ha quedado de manifiesto en medio de esta pandemia. Requerimos de gobiernos que auxilien a quienes sufren enfermedades crónicas, pero sabemos que no existen camas ni máquinas para todos los potenciales pacientes críticos; lo mismo ocurre con los profesionales de la salud: son fundamentales, pero no contamos con un número ilimitado para salvar todas las vidas que quisiéramos. Así también, las personas valorarán aquellos criterios que apunten a la transitoriedad de la restricción de libertades y criticarán a los gobiernos que se aprovechen de esta excepción.

En definitiva, el rol de todo gobierno es apuntar al bien común y si el principio de subsidiariedad -como enseñaba Jaime- apunta a generar las condiciones para que el horizonte del auxilio estatal llegue a quienes verdaderamente lo requieren, a la vez que las personas puedan seguir desarrollándose en libertad, y propiciar el valor del sentido unitario de la vida social, entonces este principio colabora con el preciado bien común y sigue siendo necesario en el siglo XXI.

Jorge Jaraquemada

Director Ejecutivo 

Fundación Jaime Guzmán

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