Terreno militar de La Reina




El Ejército quiere vender un terreno ubicado al costado del hospital militar de La Reina para financiar la construcción de viviendas para su personal en Estación Central, lo que ha generado protestas de vecinos y alcaldes, ya que el predio sería destinado a un proyecto inmobiliario. En el pasado el Ejército hizo operaciones similares. En Viña del Mar vendió el sitio del regimiento Coraceros y lo mismo hizo en Antofagasta con el regimiento Angamos, y con estos recursos habría mejorado sus instalaciones o adquirido otras nuevas. Incluso los bordes de la Escuela Militar fueron loteados para edificios y un terreno del Ejército ubicado en Presidente Riesco con Américo Vespucio, fue vendido hace poco en varios millones de dólares.

¿Tiene sentido que una rama castrense haga negocios inmobiliarios completamente alejados de sus competencias, si ya recibe recursos fiscales para financiar sus gastos e inversiones? Pienso que no, y menos en este caso, ya que el Ejército podría construir las viviendas para sus soldados en el mismo sitio de La Reina usando el precio del terreno como mecanismo de pago como se ha hecho en otros proyectos habitacionales. No es necesario que venda la propiedad y se embarque en una segunda operación inmobiliaria para construir viviendas en otra comuna.

Pero hay una razón más relevante para cuestionar esta venta: la falta de terrenos para resolver el déficit habitacional de familias de escasos recursos de La Reina y Peñalolén. Este problema no es responsabilidad del Ejército, pero al ser una entidad fiscal, el Estado tiene la obligación de maximizar el beneficio social de un bien tan escaso como el suelo urbano. No podemos olvidar que la falta de terrenos, sumada a la resistencia de algunos vecinos para recibir viviendas sociales - como ocurrió con la Comunidad Ecológica de Peñalolén - han terminado expulsando a los hogares más vulnerables del sector oriente, acentuando la segregación urbana.

El terreno de La Reina es una oportunidad para cambiar esa tendencia. Su tamaño y ubicación permite compatibilizar las necesidades de vivienda del Ejército y de las familias sin casa, además de aportar servicios y áreas verdes. No debe usarse para “hacer caja”, sino que para diseñar un barrio que simbolice la nueva ciudad que debemos construir después de tanta crisis y sufrimiento. Una ciudad donde caben todos, incluyendo a los vecinos de bajos de recursos de La Reina y Peñalolén, que podrán quedarse en sus barrios de origen, aumentando su patrimonio familiar con viviendas amplias y bien diseñadas. Eso fue lo que hicimos en un país mucho más pobre con la población Lautaro o la Villa Frei y lo mismo debemos hacer con en el terreno militar de La Reina. Cualquier otra medida sería inexplicable en el complejo momento que atraviesa el país.

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