Tratado de paz



SEÑOR DIRECTOR

Con el Decreto Supremo número 1.064, del 12 de noviembre de 1973, comenzó a trabajar -por una nueva Constitución- la denominada Comisión Ortúzar. Sin dispares conversaciones obró en su cometido. Resultado conocido por todos -y plebiscitado siete años más tarde-, hoy nos rige como nación.

Actualmente se discute de forma estéril sobre asignaciones, poco trabajo de la actual Convención, voto dirimente popular y otros, pero le quitamos importancia a nuestros precedentes históricos. El órgano constituyente tiene el cronómetro corriendo -y toda adversidad posible- para crear el elemento rector más importante del país. ¡Trabajo no menor! ¿Una labor de un año dos meses sirve para 40 años?

No es comprensible, entonces, que nos distraigamos de nuestra gran tarea como país. Dejemos -por fin- los rencores y diferencias de lado, para pasar a la acción directa. A esa tarea que nos puede llevar a lo más alto -por primera vez- como Estado ante el orbe. ¿Es ese el objetivo?

Chile no necesita más esfuerzos para destruir(nos). Necesitamos todas las energías puestas en la honorable tarea que hoy nos compete: nuestra nueva Carta Magna. Quizás -por qué no- comenzar a soñar con algo más importante: desarrollar la patria para jugar el rol que nos corresponde en el escenario mundial.

Hoy la historia la podemos escribir todos, sin excepción.

Jorge Wasyluk Nieto

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