Opinión

Trump, Xi Jinping y la nueva geopolítica de la interdependencia

Xinhua Yan Yan

Un avión de combate F-35 estadounidense requiere cerca de 400 kilos de tierras raras para su fabricación. No se trata de un dato anecdótico: refleja hasta qué punto la competencia global ya no se juega únicamente en términos militares o comerciales, sino también en el control de recursos críticos. De esto, de Taiwan y de mucho más, trató realmente la reciente reunión entre Donald Trump y Xi Jinping.

La cumbre se entiende como un esfuerzo por generar espacio de estabilidad y predictibilidad a un orden internacional que aún no decanta, caracterizado por la incertidumbre, la volatilidad y la creciente impredictibilidad. Pero para América Latina, y particularmente para Chile, el verdadero significado de la cita probablemente sea otro: confirmar que el mundo está entrando en una etapa donde economía y geopolítica vuelven a fusionarse.

La competencia entre Estados Unidos y China ya no gira exclusivamente en torno al comercio. El centro de gravedad de la disputa se ha desplazado hacia el control de cadenas de suministro, minerales estratégicos, inteligencia artificial, y semiconductores.

La reunión Trump-Xi ocurrió precisamente bajo esa lógica: Washington busca reducir dependencias estratégicas; Beijing intenta consolidar posiciones de ventaja en sectores decisivos del siglo XXI. Mientras Trump, esta condicionado por la agenda interna, busca soluciones transaccionales y de corto plazo, Xi Jinping maneja los tiempos, como en un juego Go, con una mirada larga, paciente y estratégica.

Y Chile aparece en el centro de esa transformación global. Litio, cobre, tierras raras, energías renovables e infraestructura digital convierten al país en un actor particularmente atractivo. Lo que antes era simplemente una ventaja exportadora hoy adquiere una dimensión geopolítica.

Esto implica riesgos, pero también agencia y poder.

Y aquí emerge un debate necesario. Chile posee recursos crecientemente escasos y estratégicos para las grandes potencias. Esa realidad ciertamente nos expone, que duda cabe, pero también amplía nuestro margen de maniobra e incidencia. El gobierno parece tener aprensión de lo primero, en vez de aprovechar lo segundo. Un alineamiento tan temprano desnudo ciertas vulnerabilidades y ansiedades que un administración de Trump rápidamente identifica, sin desarrollar plenamente una estrategia que utilice nuestros minerales críticos como herramienta de negociación. El desafío no es administrar el riesgo solo desde la prudencia, sino transformar nuestros activos estratégicos en capacidad de negociación, inversión y autonomía.

La pregunta para Chile no es si debe elegir entre Washington o Beijing. El verdadero desafío consiste en navegar esta transición preservando aquello que históricamente ha sido una ventaja comparativa: apertura económica, predictibilidad y credibilidad internacional.

La reunión entre Trump y Xi debe leerse, entonces, menos como un episodio diplomático puntual y más como una señal estructural: vivimos una transición hacia un orden internacional aún incierto. Y para Chile, comprender esa transformación será tan importante como saber negociar y exportar cobre o litio.

Por Andrés Villar Gertner, Profesor, Magister Ciencia Política, UC.

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