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La nueva amenaza de Irán: plantea cobrar por los cables submarinos en Ormuz y amenaza con controlar el tráfico de datos

Los medios de comunicación vinculados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica presionan a Teherán para que cobre tarifas a los gigantes tecnológicos por los cables submarinos de fibra óptica que atraviesan Ormuz y crece el temor por posibles interrupciones. Estas infraestructuras transportan una gran parte del tráfico mundial de datos entre Europa, el Golfo Pérsico y Asia.

Lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria iraní rodean un petrolero en el puerto de Bandar Abbas, después de que fuera incautado en el estrecho de Ormuz.

El bloqueo del estrecho de Ormuz, que permanece cerrado al tráfico comercial por parte de Irán desde finales de febrero debido a la escalada bélica en la región, está a punto de dar un salto cualitativo. Hasta ahora, las miradas estaban puestas en el petróleo y en la crisis de suministro de materias primas, como el gas helio que podría paralizar la industria de los semiconductores. Con todo, el talón de Aquiles de Occidente en esa zona no flota sobre el agua, sino que descansa en el lecho marino: los cables de fibra óptica.

Los medios de comunicación iraníes vinculados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) están presionando para que Teherán imponga tasas a los cables submarinos de fibra óptica que atraviesan el estrecho de Ormuz, argumentando que el papel de la vía navegable en la infraestructura digital mundial podría generar miles de millones de dólares y dar a Irán un nuevo punto de presión contra Occidente.

La agencia de noticias Tasnim, afiliada al CGRI, propuso que Irán tome tres medidas: cobrar a los consorcios internacionales que poseen y operan los cables una licencia inicial y tasas de renovación anuales; exigir a las principales empresas tecnológicas, como Google, Meta, Microsoft y Amazon, que operen bajo la ley iraní; y otorgar a las empresas iraníes el control exclusivo sobre el mantenimiento y la reparación de los cables.

En un artículo titulado “Tres pasos prácticos para generar ingresos a partir de los cables de internet del estrecho de Ormuz”, Tasnim escribió que los cables submarinos de fibra óptica que atraviesan el estrecho transportan más de 10 billones de dólares en transacciones financieras cada día, pero afirmó que Irán se ha visto privado de los beneficios económicos y soberanos de esta infraestructura de comunicaciones crítica debido a lo que denominó una visión tradicional del estrecho.

Tasnim afirmó que estas medidas convertirían el estrecho de Ormuz en un “centro estratégico para la creación legítima de riqueza”.

La agencia de noticias iraní Fars, otro medio vinculado al CGRI, publicó un hilo similar en X, describiendo a Irán como el gobernante de una “autopista oculta” en Ormuz. “En el modelo de gobernanza propuesto para el estrecho de Ormuz, el paso de cables submarinos debe realizarse con un permiso y el pago de peajes, y las empresas extranjeras también deben operar bajo las leyes iraníes”, dijo en una publicación.

“Además, la gestión, reparación y mantenimiento de estos cables pueden confiarse exclusivamente a empresas iraníes, de modo que el estrecho de Ormuz se convierta en una de las palancas de poder digital de Irán”, añadió.

Mostafa Taheri, miembro de la Comisión de Industrias del Parlamento iraní, cifró en 15.000 millones de dólares los ingresos potenciales procedentes de las tasas de tránsito. Hace unos días, legisladores en Teherán discutieron un plan que podría tener como objetivo los cables submarinos que conectan a los países árabes con Europa y Asia. “Impondremos tarifas a los cables de internet”, declaró en X el portavoz militar iraní Ebrahim Zolfaghari.

Según CNN, los medios iraníes han señalado a Egipto como precedente. El Cairo ha aprovechado la ubicación estratégica del Canal de Suez para albergar numerosos cables submarinos que conectan Europa y Asia, generando cientos de millones de dólares anualmente en tarifas de tránsito y licencias. Sin embargo, especialistas en derecho internacional remarcan que el caso del estrecho de Ormuz es diferente porque se trata de un paso marítimo natural y no de un canal artificial.

Controlar el tráfico de datos

Pero Tasnim y Fars fueron más allá y sugirieron que Irán podría controlar el tráfico de datos que fluye a través de los cables, una infraestructura que transporta servicios en la nube, sistemas de mensajería financiera, como SWIFT, y una gran parte del tráfico mundial de internet.

Según Tasnim, al menos siete de los principales cables de comunicación que sirven a los países del Golfo pasan por el estrecho, incluidos los sistemas FALCON, GBI y Gulf-TGN, que conectan centros de datos de Asia, Europa y Medio Oriente.

Sin embargo, Mostafa Ahmed, investigador principal del Centro de Investigación Habtoor con sede en los Emiratos Árabes Unidos, dijo a CNN que, debido a los riesgos de seguridad de larga data con Irán, los operadores internacionales han evitado deliberadamente las aguas iraníes, agrupando en su lugar la mayoría de los cables en una franja estrecha a lo largo del lado omaní del canal.

Dos de esos cables, Falcon y Gulf Bridge International (GBI), no obstante, atraviesan aguas territoriales iraníes, dijo Alan Mauldin, director de investigación en TeleGeography, una firma de investigación en telecomunicaciones.

A medida que crecen los temores de que la guerra pueda reanudarse tras el regreso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de China, Irán está señalando cada vez más que tiene poderosas herramientas a su disposición más allá de la fuerza militar, destaca CNN. Así, la medida impulsada por la República Islámica subraya la importancia del estrecho de Ormuz más allá de las exportaciones de energía, ya que Teherán busca convertir su ventaja geográfica en poder económico y estratégico a largo plazo.

Los cables submarinos forman la columna vertebral de la conectividad global, transportando la gran mayoría del tráfico mundial de internet y datos. Atacarlos afectaría mucho más que la velocidad de internet, amenazando todo, desde los sistemas bancarios, las comunicaciones militares y la infraestructura de nube de IA hasta el trabajo remoto, los videojuegos en línea y los servicios de streaming, detalla la cadena de televisión.

Las amenazas de Irán son parte de una estrategia para demostrar su influencia sobre el estrecho de Ormuz y asegurar la supervivencia del régimen, un objetivo central para la República Islámica en esta guerra, dijo Dina Esfandiary, experta en Medio Oriente en Bloomberg Economics. “Su objetivo es imponer un costo tan elevado a la economía global que nadie se atreva a atacar a Irán de nuevo”, señaló.

Armado con buzos de combate, pequeños submarinos y drones submarinos, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica representa un riesgo para los cables submarinos, dijo Ahmed, agregando que cualquier ataque podría desencadenar una “catástrofe digital” en cascada a través de varios continentes.

Los vecinos de Irán en el golfo Pérsico podrían enfrentar graves interrupciones en la conexión a internet, lo que podría afectar las exportaciones críticas de petróleo y gas, así como la banca. Más allá de la región, India podría ver afectada una gran proporción de su tráfico de internet, amenazando a su enorme industria de subcontratación con pérdidas que ascienden a miles de millones, según experto del Centro de Investigación Habtoor.

Corredor digital clave

El estrecho es un corredor digital clave entre centros de datos asiáticos como Singapur y algunas estaciones de aterrizaje de cables en Europa, indicó Ahmed. Cualquier interrupción también podría ralentizar el comercio financiero y las transacciones transfronterizas entre Europa y Asia, mientras que partes de África oriental podrían enfrentar apagones de internet. Y si los aliados de Irán deciden emplear tácticas similares en el mar Rojo, el daño podría ser mucho peor.

En 2024, tres cables submarinos fueron cortados cuando un buque alcanzado por militantes hutíes alineados con Irán en Yemen arrastró su ancla por el lecho marino mientras se hundía, interrumpiendo casi el 25% del tráfico de internet en la región, según HGC Global Communications, con sede en Hong Kong.

Aunque el impacto de los daños a los cables podría ser alto en Medio Oriente y algunos países asiáticos, TeleGeography dijo que “los cables que atraviesan el estrecho de Ormuz representan menos del 1% del ancho de banda internacional global a partir de 2025”.

En todo caso, apunta The Conversation, las declaraciones de Irán ponen al descubierto un pilar invisible de internet y de la globalización misma: la red de más de 500 cables submarinos que transporta más del 95% del tráfico internacional de datos.

Varias de las rutas de cable submarino más importantes del mundo atraviesan Medio Oriente. Los estrechos canales marítimos del Mar Rojo, el estrecho de Bab el-Mandeb, el canal de Suez y el estrecho de Ormuz también funcionan como puntos críticos para la conectividad digital.

Si bien las roturas de cables no son infrecuentes, las reparaciones son difíciles, especialmente en aguas en disputa o militarizadas. Los buques de reparación requieren acceso seguro, coordinación internacional y tiempo.

Impacto en comunicaciones de las FF.AA.

Si las interrupciones en el suministro de cables coincidieran con conflictos o inestabilidad a lo largo de las principales rutas comerciales marítimas, como el estrecho de Ormuz o el canal de Suez, los mercados de seguros, las industrias navieras y las cadenas de suministro de energía también se enfrentarían a una mayor incertidumbre, destaca el medio.

Las consecuencias militares y estratégicas de la interrupción del servicio de cable podrían ser aún más graves. Las Fuerzas Armadas dependen de comunicaciones seguras de largo alcance y de la coordinación en tiempo real, agrega.

Asimismo, The Conversation pone de relieve que el sabotaje de cables no constituye una provocación tan clara como un ataque convencional contra un objetivo militar. Resulta difícil determinar quién lo hizo -en casos como las roturas de cables en el mar Báltico, a menudo atribuidas a acciones rusas- y la situación jurídica es ambigua. Esta ambigüedad genera el riesgo de que el conflicto se intensifique, ya que los Estados pueden tener dificultades para determinar si las interrupciones son accidentales, delictivas o actos de guerra.

El conflicto entre Estados Unidos e Irán ya ha retrasado la construcción de nuevos cables submarinos. Además, pone de manifiesto una realidad más amplia: los cimientos del mundo digital son reales y concretos, y no son invulnerables.

“Cualquier ataque o sabotaje deliberado no sería un simple incidente local. Sus repercusiones se extenderían a las comunicaciones, las economías y los sistemas de seguridad globales. El lecho marino se ha convertido en una zona de competencia geopolítica, y las consecuencias de su interrupción podrían afectar la estabilidad mundial durante años”, concluye The Conversation.

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