El Deportivo

Hijo de inmigrantes y clase obrera: Aaron Rai, el inglés que rompió una sequía de 107 años en el PGA Championship

Criado en el corazón industrial de Inglaterra, el golfista de 31 años desafió a los grandes nombres del circuito para firmar una brillante tarjeta de 65 golpes en el Aronimink Golf Club.

La historia de Aaron Rai, el campeón del PGA Championship.

El PGA Championship anota un nuevo nombre en sus libros de historia. Y uno bastante inusual, al menos frente a los favoritos del circuito. Aaron Rai, de 31 años, rompió con todos los pronósticos al erigirse como el flamante campeón en la cancha del Aronimink Golf Club.

El isleño firmó una notable tarjeta acumulada de 271 impactos (-9), pulverizando cualquier tipo de oposición que se le presentó. De hecho, dejó en el segundo lugar al español Jon Rahm, quien es conocido en Chile por su constante disputa con Joaquín Niemann en las fechas del LIV Golf.

Lo histórico de la jornada, eso sí, reside en un dato que rompe con una larga sequía. Tuvieron que pasar 107 para que un inglés conquistara el major de Pensilvania. Jim Barnes, en 1919, había sido el último de dicho país.

Sin embargo, más allá de lo especial de la coronación en suelo estadounidense, donde batió con autoridad a los pesos pesados del golf mundial, Rai destaca principalmente por su historia. En un deporte tradicionalmente asociado a la opulencia, las cunas de oro y los clubes de campo exclusivos, el británico es una anomalía absoluta por su origen humilde.

El sacrificio de Rai

Su padre, de ascendencia india, y su madre, una inmigrante de Kenia, lo criaron en un entorno de clase media-baja en el corazón industrial de Wolverhampton. Cuando tenía cinco años comenzó su relación con el golf, luego de que le regalaron unos palos para alejarlo de un hockey que practicaba su hermano.

A partir de ahí, sin saberlo, comenzó con una carrera meteórica que forjó en base al sacrificio. Sin patrocinadores ni grandes recursos en sus inicios, su camino hacia el éxito se fue gestando poco a poco y, en 2012, se convirtió en jugador profesional.

Una vez aseguró el primer paso, comenzó batallando en el anonimato de las categorías de ascenso del Viejo Continente. Tras destacar en la segunda división, tuvo su bautizo en torneos grandes durante el US Open 2017 y, al año siguiente, se consolidó en la máxima categoría europea. Su estreno en el círculo de campeones llegó en el Abierto de Hong Kong, seguido por un gran golpe de autoridad en 2020 al adjudicarse el Abierto de Escocia frente a Tommy Fleetwood. Ya instalado entre los cien mejores del ranking, fijó su mirada en Estados Unidos.

A partir de 2021 se afincó en el exigente circuito americano, mostrando una evolución imparable. Su primera consagración en tierras estadounidenses ocurrió en el Wyndham Championship 2024, temporada en la que además empezó a volverse un competidor habitual durante los fines de semana de los majors. Ya afianzado en lo más alto, revalidó su categoría al vencer nuevamente a Fleetwood en el campeonato de Abu Dabi. Con una regularidad sobresaliente en las citas del Grand Slam, el británico venía avisando que este 2026 sería el año de su consagración definitiva.

Pero ninguno de esos logros se forjaron sin olvidar sus raíces. De hecho, las llamativas excentricidades que hoy muestra en el circuito no son cábalas, sino cicatrices de su infancia: juega con dos guantes en las manos porque de niño debía protegerse del frío extremo en canchas públicas sin calefacción, además de limpiar obsesivamente cada uno de sus palos tras cada golpe para recordar la época en que su padre apenas podía costearle el equipamiento básico.

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