Por Gonzalo ValdiviaLa Ballena en Chile: los secretos de la nueva versión teatral según el actor Julio Chávez
Dueño de una de las trayectorias más reconocidas de Argentina, el intérprete ahora encarna el mismo rol con el que Brendan Fraser ganó el Oscar. Pese al éxito de la película, a la fecha sigue sin verla. “No tenía sentido mirar el cuaderno del compañero cuando yo tenía un trabajo muy hermoso a desarrollar”, indica a Culto, junto con afirmar que el montaje que debutará en julio en Santiago “es parte del buen matrimonio que tengo con mi oficio”.

Julio Chávez (Buenos Aires, 1956) se las ha arreglado para regresar a Chile en las últimas tres décadas con tres proyectos diferentes. Primero, Yo soy mi propia mujer (2007), donde interpretó en el mismo montaje a una travesti de Berlín del Este y al autor Doug Wright. Años después, en 2015, trajo Red, la aclamada obra en la que encarnó al pintor Mark Rothko durante su última etapa.
Ahora, este 24 de julio en el Teatro Teletón (entradas en Puntoticket), el reputado actor argentino volverá a aparecer en escena en nuestro país. Y será, tal como en las ocasiones previas, bajo una piel completamente diferente: la de Charlie, un profesor de literatura aquejado por feroces preguntas en lo familiar, sexual y amoroso. Pese a las advertencias de los médicos, no destina mayor preocupación a que su organismo esté a punto de colapsar debido a los estragos que ha genera su obesidad mórbida (pesa más de 230 kilos).

También director teatral, dramaturgo y profesor, Chávez explica el interés que sintió al encontrarse con La ballena, la celebrada obra de teatro escrita por Samuel D. Hunter y estrenada en Broadway en 2012.
“Creo que La ballena es un hecho teatral muy atractivo, porque planta sobre el escenario, cuando se prende la luz, a un fenómeno llamado Charlie. Llama la atención, invita a la pregunta. Hacemos silencio y queremos saber qué le pasó”, sostiene. “Cuando termina el espectáculo uno comprende qué es lo que le pasó a Charlie. O es nuestra intención que se comprenda que lo que le pasó a Charlie es que es un ser humano”, agrega.
Pese a que su adaptación cinematográfica es relativamente reciente –este 2026 cumple cuatro años– y alcanzó resonancia global, Chávez descartó ver el filme dirigido por Darren Aronofsky, adaptado por el propio Hunter y protagonizado por Brendan Fraser (ganador del Oscar por su rol). El motivo, apunta, fue muy sencillo: “Yo no había visto aún la película cuando me ofrecieron la obra”.
“Cuando la leí fue tan contundente la empatía que establecí con el relato, y con el pedido que esa obra teatral hacía al intérprete que la hiciera, que me parecía que no tenía ningún sentido ir a ver la interpretación de un equipo de realizadores, cuando tenía el gusto y la invitación de que diéramos nuestra mirada. Me parecía que no tenía sentido mirar el cuaderno del compañero cuando yo tenía un trabajo muy hermoso a desarrollar, que era nuestra mirada”, argumenta.
Inevitablemente, pese a que elige con pinzas a las personas a las que les pregunta su parecer sobre su trabajo de turno, escuchó las reacciones del público en Buenos Aires y, en consecuencia, se enteró de las comparaciones entre su lectura y la del largometraje de Aronofsky.
“Decían que nuestra mirada no tenía que ver con la mirada de la película, que teníamos una mirada mucho más empática y un poco menos negra y un poco más piadosa acerca de todo el relato y los personajes”, expresa.

El proyecto llegó a sus manos en un momento particular de su trayectoria: con décadas de experiencia y con la madurez necesaria para poner las cosas en su lugar.
“La ballena no es un fenómeno que aparece y que me despierta un paladar que estaba dormido. Es algo que puedo disfrutar y que puedo apreciar. Tengo 50 años de construcción de un oficio. No es La ballena un rescate de un casamiento aburrido que tenía con el oficio. La ballena es parte del buen matrimonio que tengo con el oficio. Y cuando te digo buen matrimonio, no te digo que no hay peleas, no te digo que no hay momentos feos, hablo de buen matrimonio, de un matrimonio elegido”.
Con serenidad, detalla que recibieron advertencias en la previa a hacer su propia versión de una obra que ha sido tildada de incómoda y perturbadora. El actor estuvo dispuesto a afrontar ese reto. Lo que no entiende es que se le tilde de excluyente a una historia que tiene en el centro a un personaje que opera en varios frentes.
“Nuestro material tiene una mirada absolutamente inclusiva. Está incluyendo a Charlie porque excluirlo a Charlie significa que no puede hablar de la sexualidad, que Charlie no puede hablar de esto, que es intocable. ¿Por qué es intocable? ¿Por qué pesa 230 kilos? Entonces si es así, ¿quién está excluyendo a Charly? Yo no, porque quiero hablar sobre sus conflictos humanos”, plantea.
Bajo su perspectiva, “si nosotros hubiésemos hecho tal vez algún gesto de discriminación –seguramente no intencionado–, hubiéramos tenido mucha gente en contra. Pero nosotros tenemos un gesto de inclusión en Charlie a la naturaleza humana y al conflicto humano, y eso no provoca adhesión. Estamos en un momento donde estamos buscando la pelea en nombre de la adhesión”.
-La película de 2022 recibió algunas críticas por haber elegido a Brendan Fraser y no a un actor con una apariencia física similar a la del personaje. ¿Qué piensa sobre eso?
Primero, podría haber sido. ¿Por qué no? Si lo encontrarás, bienvenido sea. Número dos, estás contradiciendo algo que tiene el teatro, que es: vamos a jugar, vamos a imaginar. (En ese caso) yo haga lo que haga tendría que aparecer. Y si yo digo la Luna, tiene que aparecer la Luna. ¿Por qué no rompo el techo y no muestro la Luna? Yo me voy a hacer un traje lo mejor posible, pero el espectador sabe que estoy adentro de ese traje y que no soy así, que mi contextura es otra. Pero justamente el teatro dice: si yo en dos minutos logro convencerte, ¿te puedo contar un cuentito de esto? Ahora, también lo podría hacer un actor que pese 230 kilos, claro que sí. Por supuesto. Pero el tema no es para enojarse. Porque entonces estás enojado con el teatro.
-Quizás el teatro cuenta con una libertad mayor a la del cine.
Yo creo que el cine también tiene esa libertad. Si vos agarrás la película Mi pie izquierdo, puedes decir: ¿Por qué no llamaron a un hombre que tenía parálisis cerebral?
-Como mencionaba, en cada función de La ballena Ud. ocupa un traje. ¿Cómo fue ese proceso?
Cuando me dieron la obra, mi primera gran pregunta a la producción y a la dirección fue cómo se iba a realizar el traje. Si bien se sabe que es un traje, debe tener el espacio para poder producir un viaje. Yo no había visto nunca uno y no sabía muy bien cómo era estar dentro de eso. Y cómo se iba a producir la máscara que se usa para completar toda la parte de la cara. A medida que fue avanzando el proceso y que se iba construyendo todo eso, yo me empecé a hacer pruebas con los realizadores y eso me empezó a dejar muy tranquilo, porque empecé a ver que estaba rodeado de un equipo verdaderamente idóneo y que el único ignorante del equipo era yo, que no sabía que existían los otros. Me llamó mucho la atención y me tranquilizó enormemente. Hubo algunas dificultades al comienzo, porque el traje es pesado. Se tomaron decisiones, como no ponerle hielo por dentro. Y una vez que eso se produjo, empezó a ser un aliado absoluto.
-Dice que no es un problema, sino que un aliado.
Absoluto. Es un aliado absoluto. Y puede ser engañoso. Porque como es tan fuerte y tan contundente, podría llegar a parecer que resuelve el problema de la totalidad del material. Y no es así. Porque ese traje no te dice cómo decir el texto. Ese traje no te dice cómo interpretarlo. Ese traje no te dice cómo adaptarte. Ese traje es un gran compañero, pero no puede ser el único guía. Es realmente un matrimonio. Un matrimonio de tal manera que el traje me va alimentando y mi intención o mis decisiones o las decisiones del director o mis compañeros van alimentando al traje. Ambas cosas. Es como una forma y un contenido. Los dos deben establecer un buen matrimonio. Porque, así como es muy generoso el traje, puede quedar muy en evidencia lo vacío. Entonces hay que trabajar para finalmente encuentres que dentro de esa figura hay una humanidad, hay vida.
-¿Es solo un traje o tienen varios?
Es un traje que está hecho en dos partes fundamentales. Pero esto que decís es gracioso porque yo estaba tan temeroso del traje que insistía en que hiciera otro por las dudas, que hiciera un backup del traje, que es carísimo. Y claro, la producción me aseguró que no era necesario. Tienen razón, el traje está perfecto. Hace un año que hacemos La ballena y el traje está perfecto. Pero me causa gracia porque llega a pasar algo con el traje y no hay función. No es un pantalón.
El actor asevera que el mencionado traje aterrizará en Chile en óptimas condiciones. Entre risas, dice que “no sé cómo va a salir (la función) de Santiago, esperemos que también en óptimas condiciones”.

Luego desarrolla: “Estoy expectante. Yo no tengo ni una sola función, ni una sola en mi vida, en la que he salido a la cancha confiado al 100%. No es mi manera de entender el trabajo. No es una cuestión de imposición ideológica, sino casi te diría que es algo que me pasa en el cuerpo y en la cabeza. Va a estar La ballena allí, seguramente mi nombre va a estar remarcado ahí, y eso hay que ganárselo. Eso es simplemente un cheque que vos das y que después tenés que tener plata en el banco para que sea cobrado. Para mí una buena función es quedarme tranquilo con que cuando vayan a cobrar el cheque hay plata. Y el banco no va a decir que el cheque está rebotado”.
Por último, ¿imagina que verá La ballena con Brendan Fraser en algún momento? “Sigo sintiendo que no tengo interés en verla. Decidí no verla, decidí que no tengo ni la curiosidad”, concluye.
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