Un instituto de tecnologías limpias en minería

Cobre completa nueve semanas de avances y vuelve a acercarse a los US$3,0 la libra




Se ha informado como inminente la adjudicación de la licitación del Instituto de Tecnologías Limpias (ITL), convocada por Corfo. Poder contar con este Instituto, ofrece una oportunidad única para que Chile logre una posición de liderazgo mundial en tecnologías energéticas limpias que ayuden al desarrollo de una minería de baja emisión y bajo impacto ambiental. Sin embargo, vemos con preocupación que este proceso se haya dilatado de forma excesiva en el tiempo y no haya considerado la posibilidad de que los consorcios participantes hubiesen presentado sus propuestas directamente ante la comisión evaluadora y ante el Consejo de la Institución, como ha sido la práctica tradicional en todas las experiencias de creación de centros tecnológicos estratégicos para el país, tanto en Corfo como en la ANID y sus predecesores. Lo constatado resulta especialmente preocupante cuando se trata, en toda su historia, de la inversión más importante que realizará el Estado de Chile en materia de transición energética, minería sostenible e hidrógeno verde.

El ITL constituye, sin duda, una oportunidad histórica, que nos permitiría como país ser verdaderos protagonistas del desarrollo tecnológico para la acción climática mundial. El Consorcio ASDIT, donde participan la Corporación Alta Ley, empresas mineras y energéticas instaladas en Chile, universidades, centros científicos y tecnológicos de Alemania y Australia, y una larga lista de entidades asociadas, es una alianza sin precedentes que se ha propuesto una ambiciosa agenda que busca liderar la tecnología de la minería de baja emisión y el desarrollo del hidrógeno verde. Además, del desarrollo del ITL depende el futuro de la minería verde, esencial para todas las industrias intensivas en cobre, en energías renovables y electromovilidad, aportando al desarrollo de la economía circular en el país.

Durante la última década, las universidades chilenas han mostrado un significativo avance en la calidad e impacto de su investigación, especialmente en sus aplicaciones, así como en la vinculación con el mundo productivo del país. Varias muestras de ello son los importantes logros conseguidos en iniciativas en formato de consorcios universidad-empresa, en ámbitos tan variados como el desarrollo de vacunas, creación de nuevas variedades de frutas de exportación, tecnologías digitales aplicadas en amplios sectores, maduración de tecnologías para el cultivo de nuevas especies acuícolas, capacidades tecnológicas y humanas para la salud digital, tecnologías cuánticas en seguridad, infraestructura para el desarrollo de una nueva industria de alimentos de alto valor o para el pilotaje de tecnologías para la minería, entre otros. También se han producido avances notables en emprendimiento de base científico-tecnológica, con hitos significativos como la alta participación de las universidades en el reciente concurso Start Up Ciencia, convocado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. En concordancia con los aportes realizados, estamos seguros de que, en un futuro muy próximo, podremos llegar al nivel de los países más desarrollados que invierten en I+D, innovación y capital humano de forma intensa y sostenida. Las universidades chilenas contamos con la experiencia y las capacidades humanas y tecnológicas que nos permitirán llevar adelante esta iniciativa.

Consideramos que tanto el país como la Región de Antofagasta, así como los oferentes que buscan desarrollar el ITL financiado con los recursos de la regalía de investigación y desarrollo de uno de los contratos de explotación del litio -que es propiedad del Fisco chileno- merecen que se tome una decisión seria e informada, que honre el propósito de la iniciativa. La motivación de lo anterior no es otra que mejorar la calidad de vida de las chilenas y chilenos con nuevos conocimientos, innovación y tecnologías de punta tendientes a avanzar en la sofisticación y diversificación de nuestra matriz productiva para construir una sociedad más próspera, con empleos de calidad, más equitativa y sustentable, demanda que la ciudadanía ha expresado con fuerza en el último tiempo.

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