Una nueva estrategia de innovación para Chile y su posicionamiento internacional



Por Christian Schmitz, rector de la U. Católica de la Santísima Concepción / Presidente del directorio de HUB APTA

Dos son los desafíos que tiene que asumir una nueva estrategia de innovación y transferencia tecnológica para el Chile actual: 1) avanzar hacia un modelo multidisciplinario y multidimensional, en que el uso de los recursos esté alineado con objetivos e impactos positivos en lo económico, social y ambiental; y 2) implementar un modelo de innovación conectiva que promueve la asociatividad y colaboración de todos los actores –universidades, empresas, sociedad civil, Estado-, y permita al mismo tiempo la proyección internacional de los resultados de investigación, de modo tal que contribuyan a promover a Chile como un país innovativo.

Para avanzar en esta innovación adaptada a los nuevos tiempos, tenemos que seguir insistiendo en disminuir la brecha entre industria y universidades, y generar un lenguaje, una visión y confianzas compartidas para que la enorme cantidad de proyectos de investigación que se realizan año a año en Chile llegue donde debe ser: a los usuarios y al mercado, agregando valor real en productos, procedimientos, servicios, no solo del sector empresarial sino que también de la sociedad civil.

Para ello se requiere, en primer término, avanzar en una convergencia de intereses entre el sector productivo y la academia, con el objeto de construir un círculo virtuoso y de sinergia entre los actores, que conduciría a procesos de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) coparticipados y alineados en todas sus etapas, desde la formulación de proyecto hasta la innovación útil. En otras palabras, hay que terminar con la división rígida y tajante que impera actualmente: la investigación y desarrollo corresponde a la universidad, mientras que la innovación y puesta en el mercado, a la empresa; cada uno invierte y resguarda única y exclusivamente su etapa. Por esta razón, nos enfrentamos hoy a falencias, como el desarrollo de conocimiento “inútil”, “innecesario”, “superado” o “duplicado”; una crónica falta de inversión y de interés por parte de las empresas en los proyectos de investigación e innovación; un Estado que asume una carga sobredimensionada en financiar la I+D en universidades; una institucionalidad pública que se desgasta en programas de fomento de la innovación.

Entonces, ¿cómo logramos esta mayor conexión entre el mundo universitario y el empresarial? Simplemente, estableciendo reglas e incentivos adecuados que, por un lado, permiten tomar conciencia de que el destinatario de la productividad científica, no son los integrantes de la comunidad académica nacional o internacional, sino que la sociedad como un todo, sea regional, nacional o la humanidad. Por otro lado, se requiere promover la colaboración genuina entre ambos sectores, desde la misma formulación de un proyecto de investigación e innovación hasta la comercialización masiva de los resultados del mismo. Solo este espíritu de colaboración permitirá enriquecer la investigación desde el inicio del proceso, con un enfoque en el uso práctico y el potencial comercial, además de generar una mirada interdisciplinaria del desafío tecnológico.

En todo este proceso de cambio, al Estado le corresponde cumplir el rol de facilitador y organizador de un ecosistema de cooperación y confianza, para lo cual ha habido señales alentadoras en los últimos años, a través de actores que crean la sinergia necesaria para pavimentar este camino.

Este avance debe ir de la mano con un cambio de la cultura de desarrollo en el país. Sin lugar a duda, una apuesta relevante es fortalecer la labor de los Hubs tecnológicos que han visibilizado el conocimiento tecnológico creado en las casas de estudio y permitido formar una conciencia de la relevancia para posicionar, ojalá de manera definitiva, la innovación y el emprendimiento chileno en el mundo. Soy un convencido de que los Hubs son el camino, no solo para generar la confianza necesaria entre el mundo universitario académico y el mundo productivo económico, sino para ser parte del esfuerzo de internacionalización de las universidades chilenas.

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