José Antonio Kast

José Antonio Kast

Ex candidato presidencial, exdiputado

Opinión

Una verdad incómoda

Daniela Vega es Marina, una joven transgénero, en Una mujer fantástica. Foto: IMBD

“Daniela Vega es mujer o es hombre”, repetía con insistencia la periodista frente a la expresión de incomodidad del invitado. “Es que, no me lo planteo de esa manera (…) porque no sé, porque a mí no me interesa (..) no ando diciendo quien es quién”, terminó musitando, arrinconado por la pregunta. “En Chile, la mayoría de los jueces son de izquierda” afirmaba un Ministro frente a la concurrencia de un consejo de un partido político, sin percatarse de que era un encuentro abierto y varios periodistas estaban escuchando. Después de la batahola mediática, aclaró que era “una opinión personal expresada en forma privada” y que en realidad el problema no eran los jueces de izquierda, sino que el problema era la discrecionalidad en las designaciones, tanto en la izquierda como en la derecha.

Estas dos circunstancias, una por omisión y la otra por acción, reflejan muy bien el estado de la derecha en Chile. El temor a la camotera pública, en el primer caso; y la rectificación para hacer control de daños, en el segundo; son una muestra evidente de la falta de verdad y sinceridad que caracteriza a los dirigentes políticos chilenos y que los tiene a merced de una pequeña elite de influyentes que buscan imponer sus verdades, su ideología y su forma de pensar al resto de las personas.

Yo le voy a ayudar al Senador: Daniela Vega es hombre. También voy a apoyar al Ministro: la mayoría de los jueces en Chile son de izquierda. Hay que tener vergüenza para robar y mentir, pero no para decir la verdad, menos cuando se habla y se respeta a la persona.

Oponerse a la Ley de Ideología de Género no tiene nada que ver con maltratar a las personas transexuales ni privarlas de su dignidad. Afirmar que un hombre es hombre, aunque sienta la profunda convicción de que es mujer, no debe ser objeto de reproche, si se hace con respeto y si se aborda con soluciones concretas y no con populismo legislativo. ¿Por qué no evitar los problemas que generará el cambio registral estableciendo un registro de género? ¿Qué va a pasar con las cuotas, con la edad de jubilación, con las prestaciones de salud y con el matrimonio, si se altera la identidad sexual mediante este cambio administrativo? Esas son las preguntas que deberíamos estar contestando, más que prohibir el debate de aquellos que pensamos distinto a la mayoría progresista dominante.

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Peor aún, optar por el silencio respecto del cambio del sexo registral en menores de 18 años tiene consecuencias más graves, considerando los estudios que indican que más de un 80% de los menores que manifiestan esta confusión en su identidad, no seguirá experimentando la disforia de género después de la pubertad. ¿Por qué quiénes creemos en esos estudios y tenemos esas firmes convicciones no tenemos derecho a defenderlas con respeto y comprensión, sin ser objeto de linchamiento público?

Afirmar que los jueces son de izquierda y que fallan conforme a su inclinación política también es una verdad. Promover menor discrecionalidad y la transparencia en la toma de decisiones es un hecho positivo, pero ello no puede privarnos de decir las cosas de frente, sin temor a represalias.

La crisis de desconfianza de los chilenos hacia la política tiene diversas causas. Una de ellas, es la falta de sinceridad de nuestros actores políticos. Las personas buscan líderes que enfrenten las discusiones con la verdad y con respeto, pero que no se dejen amedrentar por las amenazas e hipersensibilidad de algunos pocos. Basta de aprovechamiento, disfrazado de corrección política.

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