¿Vale cero la derecha?



Por Alfredo Jocelyn-Holt, historiador

Unos la anulan, otros -incluso desde su propio mundo-la desnaturalizan mediante concesiones, o la posponen. La última vez que le dediqué una columna fue casi nueve meses atrás, lo que no se condice con su potencial, a no ser que ella, con su nulidad impuesta y/o asumida, esté impidiendo que se despeje el entrampamiento que agobia al país. La izquierda, en cambio, se sabe triunfante, nadie la para. El centro, o los saldos de éste, por mucho que acierte en sus críticas, suele quedarse corto. ¿Qué son, si no amarillos, confesos por lo demás, que la semana pasada contaban a lo sumo con declaraciones y un listado de adhesiones? De lo que se infiere que ningún bloque significativo está cumpliendo la función de contrapeso, aun cuando por lógica política, o simple física, debiera haberlo.

La derecha no es otra cosa que un punto cardinal que sirve para orientar en dirección opuesta. Por tanto, si no existe, o se opera como si no importara, es que la izquierda se ha apoderado del país. Pero, vamos, un 44% disintió de la izquierda en noviembre pasado, porcentaje más alto que el “Sí” del 88, y más digno que cuando Bachelet arrasó en segunda vuelta el 2013, en ninguna de estas ocasiones siendo borrada del mapa. De acuerdo, los partidos de derecha no influyen, pero ¿esa tremenda riqueza acumulada, capitales, empresas, cuadros técnicos y profesionales, los damos también por anulados? Tampoco es que a algunos de sus personeros se les vaya a creer indicados para defender la democracia, no con el prontuario histórico a cuestas que ahora intentan disimular. Y los medios periodísticos, también de elite, ¿es que han sido fagocitados por la misma noticia y “relato” triunfalista que, a menudo, más lo que fomentan que cubren compitiendo con las redes sociales?

Ante la asonada constitucional, aun admitiendo que el escenario es desolador, que se invoque como última bandera de lucha el veto presidencial (el Rechazo sería inviable o conduce al caos), y sigan lamentándose de que votaron Apruebo para que la nueva Constitución fuera social demócrata y no lo está siendo, hace temer que no hay más remedio que cortarse las venas. Descontemos la desesperación: platas ya se encuentran fuera; Miami ciertamente es un refugio más inexpugnable que balnearios “exclusivos” del litoral central, otro tanto la casa en el lago o en alguna isla de Chiloé; lo que es la carta militar está teñida de notorios descréditos, algunos en primera plana por estos días; tampoco Chile es prioridad: compárese con Ucrania, y verá que no pesa afuera.

Inevitablemente la derecha tendrá que tomar conciencia del papel que le corresponde, frontal de todas maneras, recurriendo a sus no pocos medios, con lo cual se entrará en abierto enfrentamiento. Lamentable, tarde, y quién sabe con qué resultados, ¿pero qué otra opción cabe?

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