Depresión posparto

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Hablemos de depresión posparto sin miedos, sin prejuicios y sin culpas, porque este tema que siempre ha tenido un velo oscuro, negativo y que le pasaba a "otras", ahora se ha empezado a tocar y eso ha revelado que nos ha pasado a muchísimas y les seguirá pasando a varias.

La cantidad de cambios que experimenta el cuerpo de una mujer al quedar embarazada son innumerables y digno de admiración. Acarreamos por nueve meses a un ser humano adentro nuestro, lo alimentamos y va con nosotros a todas partes, lo que nos hace cambiar de fisonomía y expandir nuestra piel a niveles inimaginables. A algunas nos crecen un poco los pies -yo con cuatro hijos pasé de calzar 37 y medio a calzar 40- y mientras el pelo se les pone fuerte y lindo a algunas, hay otras que deben lidiar con pelos completamente desorientados. Las pechugas nos crecen y nos llenamos de venas azules y gordas desde el cuello hasta los pezones, pezones que también cambian, se oscurecen y crecen preparándose para la lactancia. A algunas les aparece una línea negra que cruza el abdomen de arriba abajo y que no desaparece hasta varios meses después de parir, lo mismo con las manchas en la cara.

Al momento de comenzar el trabajo de parto, se activa engranaje impresionante dentro de nuestro cuerpo, y empieza una revolución hormonal en la que cada una de esas hormonas tiene una función fundamental. Las mamás y los bebés nacemos con la capacidad de iniciar el parto, hacer el trabajo de parto y parir. En algunos casos es realmente un trabajo de muchas y largas horas. En otros, el nacimiento ocurre por cesárea, que también es muy demandante y estresante para nuestro cuerpo. En cualquiera de las dos formas hay un desenlace de hormonas.

Las primeras hormonas son algo así como las hormonas mensajeras, que en conjunto con las que produce el bebé dan inicio al proceso. La oxitocina, también conocida como la "hormona del amor", tiene que ver con las contracciones, las estimula para que comience la dilatación del cuello del útero y el bebé comience a bajar por el canal de parto. También tiene que ver con el inicio de la producción de la leche y luego es la hormona que nos ayuda a sentirnos bien y gatilla ese amor desmedido que sentimos por nuestros recién nacidos.

Las endorfinas también cumplen un rol importante: aumentan considerablemente durante el trabajo de parto y parto y nos ayudan a entrar en una especie de trance para poder atravesar todo el proceso del parto. Luego de que nace el bebé, nos hacen estar en un estado de alerta -incluso un poquito pasadas de revoluciones-, y en un estado alto de felicidad mientras comenzamos a conocer al recién nacido. También se cree que las endorfinas juegan un rol muy importante en reforzar el lazo entre la madre y el bebé. Además, comenzamos a producir prolactina durante el embarazo, que llega a su "peak" durante el trabajo de parto y es la hormona responsable de la producción de leche. Porque, como si fuera poco, de un día para otro comenzamos a producir leche. De donde antes no salía nada ¡ahora sale leche! Soy majadera con esto porque termina por completar un proceso realmente mágico. De solo pensarlo y escribirlo me dan ganas de inventar adjetivos para poder describirlo, tipo "proceso tsunámico" o "impactantífico" (impactante y magnífico).

Después de un par de días de estas hormonas y emociones exacerbadas, llegamos de vuelta a la casa y comenzamos la vida normal. Todo vuelve a su curso y a su rutina. Y nos encontramos con este mini ser humano que depende solo de nosotros. Debemos cuidarlo, alimentarlo, abrigarlo junto con intentar recuperarnos y descansar del parto que nos deja cansadas y en algunos casos bastante averiadas. Para algunas, todo funciona relativamente bien y les sale fácil. Para otras, no tanto.

La mayoría experimentamos una especie de pena en estos primeros días que está asociada a la caída o bajada abrupta de las endorfinas y otras hormonas como estrógeno y progesterona. Ese cambio muchas veces nos puede llevar a pasar de la alegría al llanto en menos de un segundo y sin una razón aparente. Tenemos ganas de llorar más constantes y repentinas y podemos andar de mal humor o más irritables que lo normal. Y con toda razón, luego del tsunami de hormonas que acabamos de vivir.

Está bien permitirnos estos momentos y es fundamental pedir y recibir ayuda, descansar y nutrirnos bien. Esta sensación debiera desaparecer dentro de unos diez días a dos semanas, que es cuando las hormonas comienzan a volver a la normalidad. Pero, si estos sentimientos persisten y pasan las primeras dos semanas y nos seguimos sintiendo tristes, con ganas de llorar y muy desanimadas, es fundamental llamar a nuestro doctor para analizar si esto podría ser depresión post parto.

La depresión post parto puede gatillarse inmediatamente después del parto o en los siguientes 12 meses. Los síntomas pueden ser: ansiedad, sensación de tristeza, desánimo, sensación de desesperanza, sentirnos solas, falta de concentración, falta de interés en la comida, sentirnos malas madres, falta de interés en nuestro bebé, ansiedad en torno a la salud del bebé, sentirnos absolutamente sobrepasadas con todo y que nada va a estar mejor, entre otros.  Sentirnos así es difícil de aceptar y muy doloroso para una mujer, ya que lo normal es sentirse feliz de haber tenido un hijo o hija. Pero resulta que no sentimos esa felicidad esperada y, muy por el contrario, tenemos absoluta tristeza y desesperanza, lo que hace que se nos dificulte pedir ayuda por esta especie de exigencia de tener que sentir felicidad. Pero debemos entender que esto le puede pasar a cualquiera y que no es algo consciente ni voluntario. Tampoco algo que tenga que ver con ser buena o mala mamá. Y es de suma importancia pedir ayuda, ya que tiene solución y tratamiento.

Nada es más importante que el bienestar y felicidad de la madre si es que queremos el bienestar del bebé. No tengamos miedo a pedir ayuda si es que nos sentimos así. Es bueno rodearse de una red de apoyo para que nos ayuden en estas primeras semanas de adaptación. Hay una frase que dice "se necesita una tribu para criar a un hijo", así que busquen y armen su tribu y reciban la ayuda y contención que necesitamos para este nuevo rol de madres. Y si esto requiere además ayuda médica, bienvenida sea. Madre feliz, hijos felices.

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