Educación en torno a la emoción, por qué no podemos rehuir de esta responsabilidad

Las emociones trabajan en conjunto con nuestra parte racional para tomar decisiones. Es por esto es que aprender a identificarlas y educarnos respecto a ellas resulta tan importante.




Desde que nacemos, estamos conectadas con las emociones ya que estas son una guía para tomar decisiones cotidianamente. Y no funcionan solas, sino que lo hacen en conjunto con nuestra parte racional. La capacidad de sentir hace que aprendamos de las experiencias, vivamos y reaccionamos de una forma u otra.

Sabemos que los niños se caracterizan por estar conectados a fondo con sus emociones, por lo que asignarles como la categoría de una experiencia positiva o negativa tendrá una enorme influencia en la conducta y pensamientos que desarrollen. Por esto se hace necesario conocer y saber cómo explicar cada una de sus sus emociones.

De acuerdo a la psicóloga Manuela Susaeta, resulta muy importante en la educación de los niños el enseñarles a reconocer lo que están sintiendo y hacerles entender que esa emoción o sensación en el cuerpo -porque las emociones se sienten en el cuerpo- tienen un nombre en el mundo. “Se debe ir verbalizando qué es la pena, qué es la rabia o eso que siente se llama de tal manera y uno así va nominando, aunque el niño no hable mucho. Lo importante de la educación emocional es que los padres vayan acompañando este proceso de verbalizar las emociones”, explica la especialista.

De esta manera, en la medida que se pueda expresar la emoción de una forma asertiva, se comienza a desarrollar la inteligencia emocional, que es la capacidad de percibir, expresar, comprender y gestionar las emociones tanto propias como las ajenas.

Durante las ultimas décadas, el concepto de la inteligencia emocional ha ocupado un lugar importante en la psicología, ya que se actualmente se considera que las emociones son algo intrínseco en nuestro comportamiento y que desarrollan un papel fundamental en el éxito o el fracaso de todo tipo de relaciones, ya sea sentimentales, familiares o laborales, y en la medida en que uno sepa detectarlas mejor será la salud mental y el desarrollo social.

“Cuando un padre o una madre no trasmuta o no ayuda a mentalizar al niños las emociones, puede generar que este no desarrolle empatía, porque si no es capaz de empatizar con sus propias emociones, no será capaz de verlas en otros”, comenta la psicóloga Manuela Susaeta.

Por otro lado, según explica, parte de la educación emocional también tiene que ver en el cómo expresarla y poner límites. “Puede que un niño se vea desbordado por sus emociones y no sepa canalizarlas bien, porque en el fondo siente rabia y está incómodo, por lo tanto, tiene que aprender a expresarse y decir las cosas que le molestan y aprender a poner límites y cuidarse. Un niño que aprende a mediar la rabia, sabrá poner límites. Por otro lado, un niño que no sepa que tener pena no es malo o algo por lo que avergonzarse, no sabrá que eso lo hace cuidar las cosas que tiene”, describe Manuela.

Emociones mediadas por la cultura

Es fundamental que las personas desarrollen la habilidad para controlar los sentimientos. Sin embargo, según explica Manuela Susaeta, ocurre que la inteligencia emocional a veces está mediada por la cultura. La pena, por ejemplo, suele ser más validada para las mujeres que para los hombres y en el caso de la rabia, se permite más en hombres que en mujeres. Por ende, la crianza se convierte en un factor importante en la inteligencia emocional.

“Cuando a un niño se le dice, por ejemplo, ‘ya pasó, ya pasó’, hay que tener cuidado ya que se puede entender como que eso que siente no es válido. En términos de educación emocional, lo importante es reconocer y después validar. La validación de otros y la auto-validación, porque muchas veces sentimos culpa por sentir pena o culpa por sentir rabia, porque nos han dicho que no podemos tener miedo o no debemos sentir pena”, explica.

Por esto, la psicóloga asegura que las emociones son como el agua, en el sentido de que estas deben fluir, y que cuando le ponen freno a la emoción, se estanca. Es importante que las emociones se permitan expresar de manera como quien regula una llave, lo cual permitirá que la persona pueda desarrollarla de una forma presentable para la humanidad. “No se trata de que andemos gritando o llorando, sino de poder trasmitirla de una manera fluida y asertiva”, concluye.

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