Karen Torrealba sobre su hija Renata: “Por ella empecé a correr y ahora lo hacemos juntas”




El 29 de mayo fue un día especial para Karen Torrealba. Su hija mayor, Renata Lucero, cumplió 13 años. Pero no solo eso. Ese día tomaron un avión para competir en la Maratón KLM Aruba, una carrera de alto estándar deportivo que congrega a cerca de 2.500 corredores de 30 países. Fue también la primera competencia internacional en la que corrieron madre e hija juntas.

Una coincidencia de fechas que viene a cerrar lo que ella misma describe como “un círculo mágico”. Y es que Karen no ha corrido toda su vida. Comenzó a hacerlo justamente tras el nacimiento de Renata. “Mi hija tenía seis meses cuando le diagnosticaron una alergia alimentaria. Lo pasé súper mal porque lloraba día y noche. Al principio, los médicos no sabían qué tenía. A eso se sumó que dejé de trabajar para dedicarme a su cuidado, pero me costó. No sabía qué hacer, dedicada sólo a la casa cuando había trabajado toda la vida. Hasta que me diagnosticaron una depresión posparto. En ese momento, el doctor me dijo que tenía que hacer alguna actividad extra, para despejarme un rato. Ese día salí a trotar. Y así comencé a correr”, cuenta.

Por eso, cuando su hija Renata corrió en Aruba junto con ella, Karen lloró de emoción. “Pensaba: ‘por ella comencé a correr’, y ahora estábamos las dos haciendo este mismo deporte, llegando lejos juntas. Fue como cerrar un círculo. Es muy bonito”, agrega.

Karen compitió en la Media Maratón en la categoría Élite, logrando el tercer lugar, y Renata ocupó la posición 16 en la categoría 5KM, compitiendo con chicas de distintas edades. “Es un gran logro para ella porque esta es una carrera muy desafiante por las condiciones climáticas. Además, Renata comenzó a correr de manera más profesional en septiembre del año pasado”, cuenta.

¿No siguió tus pasos desde pequeña?

– Ella hizo ballet y luego jugó fútbol durante mucho tiempo, pero se salió porque jugaba solo con hombres y las bromas eran muy de hombres. Se sintió incómoda. Luego se pasó a Taekwondo, también le iba súper bien. Pero el año pasado me acompañó al medio Maratón de Buenos Aires. Ahí conversó con los corredores keniatas y me dijo “mamá, quiero hacer esto”.

Justo en esos meses, Karen se separó del padre de Renata, cuestión que las afectó mucho a ambas. “La psicóloga nos dijo que sería bueno que Renata hiciera otro deporte. Y comenzó a correr, recién a sus 12 años. Fue lo único que la hizo sentir bien. Como que logró liberarse”, cuenta Karen.

O sea, comenzó a correr por indicación de la psicóloga, igual que tú hace 13 años atrás…

– Sí, se repitió la historia también con ella. Por eso yo digo que todo esto ha sido extraño, pero mágico a la vez. Porque su acercamiento a este deporte no ha sido forzado, es lo que ella quiere hacer. Y nos ha permitido conectar súper bien.

¿Tú eres su entrenadora?

– Por el momento, pero no quiero seguir siéndolo.

¿Por qué?

– Porque, pese a que antes de la carrera la entrenaba todos los días, yo lo veía como algo recreativo. Pero ella volvió de Aruba con ganas de algo más profesional, de competir. Y no quiero que se produzcan choques.

¿De qué tipo?

– En la carrera de Aruba, por ejemplo, corrió con 32 grados de calor. Entonces ahí aparece mi lado de mamá. Le decía “hija, no corras fuerte, dale despacio, si quieres caminar, camina”. Y ella no hizo nada de lo que yo le dije. En un momento se sintió mal. Entonces me dieron ganas de retarla. Sin embargo, por el lado de entrenadora me sentí orgullosa, porque lo dio todo. Así que no quiero tener esos conflictos. Y tampoco quiero que lo vea como una obligación. No quiero que se sienta presionada por mí; quiero que haga esto porque realmente le gusta.

Vínculo madre-hija

Cuando Karen habla de un proceso mágico se refiere no solo a la posibilidad de practicar el mismo deporte con su hija, sino a cómo el vínculo entre ambas se ha visto fortalecido con esta práctica. “Cuando estaba embarazada, pensaba: ¿cómo o cuándo uno se siente mamá? Mi hija ya estaba en mi vientre, pero yo no me sentía madre; tampoco me pasó tan claramente cuando nació. Sin embargo, ahora es cuando más mamá me he sentido”, asegura.

¿Cómo crees que las marcó este primer viaje juntas?

– Ocurrieron varias cosas porque habíamos viajado solas a Buenos Aires, y esa vez yo me estaba separando. Entonces fue un viaje complejo, entre que teníamos pena, susto, y por otro lado, no conectamos tanto. Ahora fue todo lo contrario, fue una tremenda experiencia, una dinámica de crecimiento para las dos. Esta carrera tenía la particularidad de ser muy agresiva físicamente por el calor. Y además es en un lugar donde todo el mundo estaba en onda fiesta, playa, etc. Pero cuando vas a competir tienes que restarte de eso. Renata el día antes no salió de la habitación, estuvo hidratándose, comiendo sano. Son situaciones que tienen una exigencia mental y física. Y eso lo valoro mucho de mi hija.

¿Cambió su autopercepción?

– Claro, eso es a lo que voy. Cuando uno tiene una separación, que es algo que nunca pensé que me iba a tocar a mí y mi hija tampoco se lo esperaba, quedas súper dañada. Yo con la autoestima baja, con mucho miedo. Entonces, cuando logras desbloquear ciertas cosas que puedes hacer en el deporte, sales muy fortalecida. Piensas: lo puedo todo, como que nada me va a tirar al suelo. Cada una tuvo un upgrade deportivamente y en la vida. Y nuestra relación también.

¿Cuál fue tu reflexión después del viaje, que fue justo 13 años después del nacimiento de tu hija?

– Le he dado varias vueltas y siento que justamente el viaje de Aruba vino a exponerme a esta reflexión. Puede sonar cliché, pero la vida tiene esas vueltas extrañas, sin embargo, creo que ha sido muy benevolente y buena conmigo. Soy afortunada porque creo que cuando comencé con la depresión posparto, fue ésta la que me llevó al camino del running, que luego me preparó para todo lo que viviría después, como mi separación. Si no hubiese conocido este deporte, no hubiese logrado sortear tantas cosas como ahora, ni mostrarle herramientas a mi hija. Eso me permitió construir mi maternidad. Así como el sentimiento de madre no nace de un minuto para otro, sino que se va construyendo, lo mismo ocurre cuando uno corre. Un corredor no se construye de un día para otro, sino que es un proceso, un día tras día, con caídas, triunfos, dificultades. Y la maternidad igual. Así que lo único que espero es que mi hija, más allá de que siga o no corriendo, pueda usar estas herramientas en su vida, que la hagan una mejor profesional, que pueda gestionar mejor sus emociones, que tenga lindas relaciones con otras personas. Eso es lo que más espero.

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