La autenticidad de nuestros hijos e hijas en la era digital




Una de las preocupaciones que tenemos como padres y madres es poder ir fortaleciendo el autoestima y autoconcepto de nuestros hijos e hijas. Promoviendo sus cualidades, pero también invitándolos/as a aceptar sus debilidades y falencias como parte de su identidad.

Algo que puede llamar la atención y que debemos observar, es la constante preocupación por su aspecto físico. Y no solo en las mujeres jóvenes, en los hombres también. Cada vez más se puede ver cómo le dan relevancia a su corporalidad, queriendo encajar en patrones de flacura, estilos de ropa, color de pelo, maquillaje. Es normal en estas generaciones jóvenes maquillarse para ir al colegio, querer teñirse el pelo cada vez más chicas y comenzar dietas desde temprana edad, un análisis que no surge desde la crítica, sino más bien para que como madres y padres nos detengamos y cuestionemos qué es lo que puede estar impactando en ellas y ellos, qué hace que lo físico tome tanta relevancia.

Hoy vemos distintas corrientes e ideologías juveniles que promueven todo lo contrario, que potencian, fortalecen y promueven el sentirse cómodas/os con lo que uno es, el ser auténtica/o y quererse tal cual somos. ¿Qué pasa que al parecer estas ideas no están impactando en lo profundo a nuestras adolescentes? Sabemos que durante esta etapa del ciclo vital se están descubriendo, fortaleciendo su identidad y validándose frente a sus pares, pero ¿por qué en la actualidad pareciera que hay una carencia mayor de una sana autoestima? Podemos reconocer que hay un intento de algunos movimientos e influencers por ayudar a las y los jóvenes por aceptarse bajo frases de autoayuda “tú puedes”, “quiérete”, “sé tú misma”, “eres lo mejor”, sin embargo, muchas de ellas no contienen la profundidad necesaria y se basan en una mirada narcisista de amor propio. El quererse y aceptarse requiere de una contacto con el otro que me devuelve una mirada y me enseña a estar en sociedad, no puedo conformarme como sujeto con el solo mirarme a mí misma.

Claro está que la era de la selfie y del like afecta tremendamente en esta problemática. Tenemos jóvenes requiriendo de los likes frente a lo que muestran de ellos y ellas mismas, exponiendo en “mejores amigos” situaciones emocionales para sentirse acompañados por los mensajes que les dejan sus seguidores y sacándose fotos a ellos/ellas misma como una forma de validarse, pero al final es un historia sin fin, ya que casi nunca quedan satisfechas con cómo salen y requieren de diversos filtros para mostrarse al mundo; por otra parte los likes o comentarios se basan en palabras bonitas de su físico y, muchas de las fotos pueden estar distantes a su realidad emocional.

¿Autenticidad? está muy lejos de todo esto, ya que el poder sentirse tranquila y aceptar lo que uno es no requiere de un constante like o gusto de los otros por mí, sino de un vínculo y afecto por lo que soy con espacios íntimos de confianza con los otros, no reemplazando una relación con contacto afectivo por una a través de una pantalla. ¿Cuánto de lo que se muestra por redes sociales puede estar totalmente distanciado de lo que realmente se vive? Si bien las redes sociales están presente en la vida de todos nosotros -y sobre todo de los jóvenes-, es importante enseñarles a diferenciar el mundo real del virtual, porque aunque esto pareciera obvio y casi innecesario de hacer, no es algo que les sea tan fácil, ya que no son conscientes de este punto. Esto lo podemos ejemplificar en cómo están pendientes de sus redes sociales, cuánto les afectan los likes, cómo se comunican a través de ella, cuánto tiempo invierten en mostrarse, cómo se logran engañar o fantasear a través de las publicaciones de otras personas, entre muchas otras cosas.

Para un adolescente agregar a todo lo que vive la problemática de no sentirse suficiente y desconfiar constantemente de sus capacidades genera momentos de intensa angustia, afectando directamente en su autoconcepto, buscando estrategias banales para validarse, perdiendo toda autenticidad. El enfocarse de manera constante y sistemática en el aspecto físico refleja una problemática más profunda de su ser que en la mayoría de las veces se niega o no se muestra. Por eso, como papás y mamás debemos estar atentos a cuando nuestras hijas e hijos comienzan a estar muy centrados y por mucho tiempo preocupados por su corporalidad y físico gastando altos montos de energía en ello.

En la adolescencia los progenitores debemos preocuparnos de generar estrategias para que nuestros hijos e hijas vayan adquiriendo confianza y aceptándose. Si bien es importante hacerles ver sus cualidades y talentos elogiándolos, también es muy relevante hablar de las falencias y debilidades, entregando un sentido de realidad de sí mismos, aceptando que no se puede ser o tener todo lo que les gustaría, lo cual no es un problema, sino una oportunidad que permite aceptarse, trayendo como consecuencia aceptar a los otros para complementarnos. Es importante promover la autonomía e independencia en ellos y ellas, aprender nosotros como papás y mamás a tolerar que no siempre harán las cosas iguales a nosotros, que tendrán sus propias maneras y estrategias. Desde pequeños es bueno darles espacios para que puedan expresar su punto de vista, pudiendo validar su pensamiento e intercambiando ideas a través del diálogo. El poder fortalecer el autoconcepto no es algo que se logre en poco tiempo, por eso se recomienda que se pueda trabajar desde que son pequeños para que sean capaces de mirarse en totalidad y no sólo aquellos aspectos que les gustan de sí mismos/as, sino poder abrazar aquellos que les genera mayor disconformidad e incorporándolos en su identidad.

Josefina Montiel es psicóloga clínica. Instagram: @ps.josemontiel.

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