Mi lucha por una lactancia exitosa

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Hace casi dos años, con mucha ilusión, recibimos a nuestra primera hija luego de un parto natural, uno que siempre quise y que fue posible gracias a mi ginecóloga y mi matrona, ambas expertas en el tema. Nuestra hija nació una calurosa tarde de enero, y fue tal como lo quisimos con mi marido; apoyándonos en todo el proceso. Cuando la vi respirar por primera vez, me enamoré de ella. Todo era perfecto e hicimos apego desde el primer minuto.

Inicialmente, mi plan fue darle lactancia materna exclusiva y así lo hice saber en la clínica. Nuestra lactancia se inició de manera temprana y tenía buen pronóstico, pero aunque íbamos bien, al poco andar se rompieron mis pezones y ella dejó de subir de peso. En nuestro control post parto el pediatra me recetó relleno. "No tienes suficiente leche. A veces hay problemas con eso y las guaguas pueden tener daños permanentes", me dijo. Yo no quería dejar la LME, pero tampoco quería generarle algún problema a mi hija. Aunque siempre tuve el apoyo de mi marido y de mi familia, estaba frustrada, desmoralizada y triste. Las palabras del pediatra calaron muy hondo, de hecho en ese momento veía que mi lactancia se iba a pique y me sentía incapaz de poder hacer algo.

Siempre tuve muchas ganas de pelear para que me funcionara, pero no sabía bien cómo hacerlo. Y con muchos sentimientos encontrados decidimos cambiar de pediatra. Mirando para atrás, sé que fue una excelente decisión. Además, gracias a mi mamá llegó a mi vida una asesora de lactancia muy empática que me ayudó muchísimo, al igual que mi matrona y mi ginecóloga que también estuvieron junto a nosotros. Recuerdo con especial cariño el apoyo que tuve de mis amigas, las que habían tenido una lactancia exitosa y las que no habían amamantado, porque ellas, compartiendo conmigo sus consejos, me hicieron creer en mí y en mis capacidades para alimentar a mi guagua.

Así fue como entre los consejos, un extractor prestado para estimularme, los secretos de las abuelas y un aparato llamado relactador –una sonda con la que mi hija podía tomar leche de fórmula directo desde mi pecho que me recomendó la experta en lactancia– pude salvar la lactancia. Mi niñita subió de peso y su desarrollo fue siempre normal. Y como seguí estimulando mi pecho, la producción de leche materna fue subiendo paulatinamente en cantidad. Porque cuando al fin me relajé con el proceso y asumí que la lactancia mixta sería la alternativa para nosotras, la leche fluyó a raudales y pudimos ir dándole cada vez con más leche materna y menos relleno.

Los grupos de apoyo a la lactancia materna fueron súper importantes en este proceso. Compartir con otras mamás que están en la misma situación fue muy tranquilizador y me dio todas las fuerzas que necesitaba para continuar. Con ellas descubrí que cada mamá e hijo es un mundo, pero que el amor y la dedicación son transversales a todas las que estamos ahí, al pie del cañón por nuestras crías.

Gracias a toda esta información y al apoyo incondicional de mi marido, quien siempre creyó en nuestro criterio y estuvo ahí para sostenerme cuando quería tirar la esponja, a los tres meses ya habíamos establecido nuestras rutinas y empecé a sentir que juntas habíamos ganado la pelea. Tanto, que hoy siento que aunque no fue la lactancia perfecta que había imaginado, fue perfecta para nosotras y se convirtió en una hermosa parte de nuestra historia.

Cuando mi hija entró a la sala cuna iba en bicicleta a amamantarla y actualmente ya tiene casi dos años y seguimos con leche materna, sobretodo en la mañana y en la noche. Ella ama su pechuga y a mí me encantan esos momentos de regaloneo.

Cada mamá debe buscar su felicidad y tranquilidad. Las que no quieren amantar está bien, no es el único camino, pero quienes lo desean con fervor, no deben dejar que los demás decidan por ellas. Hay que buscar alternativas, insistir, confiar. Estoy segura de que todas tenemos dentro lo necesario para buscar una lactancia exitosa con nuestros hijos si nos esforzamos. Hay alternativas; la lactancia mixta existe y funciona, y las asesoras de lactancia están ahí para apoyarnos.

Creo que importante compartir esta historia con todas esas mamás a las que les dicen que no serán capaces de amamantar. No hay que rendirse. Hay que buscar apoyo, información, empoderarse. Es demasiado lo que aprendí con esto, pero sin duda lo que me quedó grabado para siempre es que uno propone y nuestros hijos disponen. A veces las cosas no salen como uno las planea, pero siempre terminan saliendo bien.

Katalina (38) es mamá de una hija de casi dos años.

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