Mis viejas amigas

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Nena cumplió 84 años y decidió celebrarlo con una fiesta de disfraces junto a sus mejores amigas. Está vestida con una falda roja brillante, una humita y unas orejas de ratón; es Minnie Mouse. Juanita, una de sus amigas, lleva un enterito de tigre y bigotes pintados en la cara. Jeanette está envuelta en un pareo verde, coronada con una tiara de flores, a lo pascuense. Anmerys lleva un traje que, dependiendo de la generación que lo vea, es de Mefistófeles o de Maléfica, con cuernos en la cabeza, una capa negra y uñas largas. Se lo hizo su nieta especialmente para la ocasión. Leonor está disfrazada de Frida Kahlo, con un conjunto típico mexicano y un peluche de mono en su hombro. La más vistosa es la del traje de cuncuna amarilla, Gilda; tiene bolas rojas pegadas por toda la parte delantera de su cuerpo que hacen de patitas, pero sin dudas la que saca más risas es la Lucy, quien llegó vestida de hippie y la rebautizaron como Shakira por la enorme peluca chascona que andaba trayendo.

"¿Quién diablos es?", dijimos cuando llegó. "No la reconocimos", cuenta Juanita.

"La Lucy es la más compuesta, no se le corre ni un pelo, nos corrige a todas para que pronunciemos la "D" final en las palabras ¡y llegó vestida así! Yo la veía y me tentaba de la risa, no podía aguantarme", dice Nena.

Aunque tienen entre 71 y 87 años, parecen una pandilla de niñas de 7 años disfrazadas de sus personajes favoritos. Según dicen, la fiesta de principios de enero es uno de los mejores eventos que ha tenido el grupo. "Bailamos, chacoteamos, cantamos mucho. Nos juntamos a puro revolverla. Lo pasamos chancho, chancho", afirma la cumpleañera.

En total son nueve mujeres, hace 10 años son amigas. Se conocieron en el taller de gimnasia que dicta la Municipalidad de El Quisco para personas de la tercera edad. Pero de a poco el cuerpo de baile se fue afiatando. Se mandaron a hacer un uniforme deportivo que en el pecho dice "Siempre jóvenes", nombre con el que bautizaron ellas mismas al equipo. La frase sirvió de arenga cuando compitieron en las olimpiadas de la tercera edad en Valparaíso en 2018. "¡Nos aplaudieron mucho! Y es que es un ejercicio que hay que coordinar muy bien", cuenta Jeanette mientras se levanta del sillón para mostrar los pasos de baile.

Al taller de gimnasia se sumó el de tejido, el de "estimulación cognitiva", de "envejecimiento activo", el de "yoga de la risa". Y la lista suma y sigue. También a través de programas de la municipalidad o cajas de compensación, empezaron a viajar juntas. Han visitado lugares como Pucón, Iquique y Las Tacas. Y, para verse de forma más íntima, hace tres años el grupo decretó reuniones semanales inamovibles que son todos los días lunes en distintas casas.

Este lunes le tocó a Juanita ser anfitriona, quien recibe una a una a sus invitadas en la puerta, las guía por el camino de suculentas y cardenales, pasa por el rincón de las fotos familiares y llega al living comedor, donde tiene todo preparado para deleitar a sus amigas. Guacamole, melón picado y galletas dulces para empezar la jornada.

"Ha sido muy lindo formar este grupo, nos ayudamos bastante", dice la anfitriona mientras reparte jugo natural de duraznos del árbol de su casa. "Para mí son mis hermanas… mayores", agrega Lucy, despertando las risas de sus compañeras. Es una de las más jóvenes. "Para mí esta amistad, a esta edad, es un alimento para el alma", explica Nena.

Frente a ella está sentada Gilda, quien le pide que se acerque para arreglarle el chaleco porque lo lleva mal puesto. "¿Te vas a parar por mí? Esto sí que es cariño. ¡Ni pa los terremotos se para!", dice Nena. Gilda tiene dificultades de movilidad en una de sus piernas, pero en este grupo los malestares siempre pueden ser material de risa.

"La Jeanette es la persona que más nos ha enseñado a vivir, porque tuvo dos eventos muy fuertes", dice Gilda. Hace un par de años se murió una hija de Jeanette y también su yerno. Ahora ocupa casi todo el tiempo cuidando a su marido, que sufre de Alzheimer. "Ellas me han dado la fuerza para seguir adelante y no desmayar. Me apoyan con mi marido. Lo tomamos para la risa, pero es terrible. Cuando lleva mucho rato en silencio voy a buscarlo y le digo "vengo a ver qué cagada te mandaste", es como los niños chicos. Me arranca el hibisco, el durazno, se le olvidan las cosas, se confunde. Yo estoy dispuesta a no moverme de la casa o a salir siempre con él, pero el día lunes que no me lo toquen".

Cuando su hija murió, todas sus amigas la acompañaron a la playa a dejar sus cenizas y despedirla. También fueron en patota al lanzamiento de su poemario. Gilda se puso a escribir a los 70 años y a sus 79 ha publicado 5 libros. Cuando Gilda empezó a tener problemas de movilidad, su hija Denisse comenzó a acompañarla a las reuniones. Quedó tan fascinada que se sumó. Es la lola del grupo: tiene 55 años. "En esta etapa las personas empiezan a tener un sentido de valoración distinto. Lo que podría ser amargura, se transforma en risa. No hay tiempo que perder. Qué ganas de que la juventud mirara la vida así. Porque es muy rápida, pasa pronto", dice Denisse.

El grupo de amigas es variopinto. Las hay profesionales y sin estudios, de familias adineradas y de origen humilde. Una era cantante de ópera, otra es profesora bilingüe, la poeta, la dueña de casa, la que trabajaba en una compañía de teléfonos, la que pinta, la que vive la mitad del año en Australia. "Hay de todo; desde momias, momias, momias hasta comunistas activistas. Consideramos que nuestra amistad es mucho más importante que la política, entonces, cuando alguna se pone media pesadita, cambiamos el tema. Más que nada hablamos de nuestras penas, dolores, alegrías. Y, si alguna se pone a pinchar, armamos la mansa fiesta", cuenta Nena.

Su casa es una de las sedes favoritas del grupo en verano; tiene una piscina pelopincho, de siete metros de largo por cuatro de ancho, que se auto regaló para la Navidad del año antepasado. La última persona en hacerle la mantención fue su hermana mayor, Daniela, también parte del grupo. Luego de manejar cuatro horas desde Vichuquén hasta El Quisco, se puso traje de baño, agarró un paño y se metió a la piscina a limpiar rincón por rincón. Una heroína de 87 años.

A las seis de la tarde las amigas pasan a la mesa del comedor, donde las espera un flan de chocolate, pastelitos chilenos, queque casero, mermeladas de durazno y ciruela hechas por la anfitriona, pancitos con queso y salame, té y café. La lengua no les para. Hablan de los incendios en Australia, de veganismo, de reciclaje, de Greta Thunberg.

"Me encanta, yo la defiendo. Cuando me llegan cosas contra ella las devuelvo con una nota diciendo que no me manden nunca más cosas así. ¡Reunió a la juventud!", dice Nena.

"Ha hecho una buena campaña", sigue Gilda.

"Es una niña maravillosa. La critican porque a algunos no les conviene", responde Nena.

"Por ejemplo, Trump está en contra de ella. Dicen que debería estar estudiando en vez de estar hablando", dice Lucy.

"La minimizan, pero es increíble la fuerza que tiene. Hay algunas personas que dicen que viene del futuro. Una viajera del tiempo, que nos trae un mensaje para anticipar los desastres. De hecho, es una niña especial", dice Denisse.

"Puede ser, ah. Se han visto tantas cosas", cierra Gilda.

Y entonces comienzan a contar experiencias paranormales que han vivido. Un niño que en realidad fue un angelito, el espíritu de una mujer muerta que tocó la puerta, un desconocido que ofreció la cantidad de dinero exacta que una necesitaba para salir de una urgencia. De estos temas y otros también conversan a través de su grupo de WhatsApp, que Leonor tituló como "Cuenta conmigo".

Por esa vía se ofrecen patillas de plantas y organizan intercambios de ropa: lo que a una le queda grande o le regalaron y no le gustó, le sirve a otra. Ya se saben las tallas y gustos de memoria.

Al final de la tarde, como ya es tradición en la reunión de los lunes cuando toca donde Juanita, llega su marido Álex a hacer un show de cierre. Él tiene 76 años y hace cinco empezó a cantar. Enciende la televisión, pone la versión karaoke de Strangers in the night y se presenta con confianza al micrófono frente a sus espectadoras. "Cada vez que canta siento que estoy con Frank Sinatra", dice Nena.

Las amigas se mueven al ritmo de la música y corean la letra. Algunas cierran los ojos, otras bailan, otras se abrazan. Saborean juntas cada minuto de la vida.

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