No quiero ser madre: una decisión sin culpa




“No quiero tener hijos” fue el pensamiento y luego la decisión que tomó la española Laura García hace algunos años cuando sintió que eso no era para ella. Experiencia personal que la motivó en 2019 a realizar el documental [M]otherhood, producción en la que reivindica y normaliza la decisión de muchas mujeres que deciden no tener hijos.

En su charla Ted No quiero ser madre, la directora ibérica reflexiona sobre el instinto maternal, la construcción social sobre la maternidad y el repudio que existe hacia las mujeres que deciden no tener hijos. “Hay personas que han considerado que mi decisión no era normal. Pero resulta que somos muchas más de lo que parece. Según estudios demográficos, entre el 25% y 30% de las mujeres europeas no tendremos hijos y el 10% no los tendremos por decisión propia”, dice.

Descalificaciones como “egoísta”, “mala persona”, “antinatura”, “anormal”, son solo algunas de las palabras que muchas mujeres todavía enfrentan cuando revelan que jamás serán madres. “Yo también he recibido esa presión e incluso me han llegado a preguntar qué es lo que espero de la vida si no quiero tener hijos, como si no fuera suficiente conmigo misma, como si solo pudiera ser una mujer o persona completa si los tengo”, dice con ironía Laura García en su charla.

Lo cierto es que esta presión social que existe hacia las mujeres es una construcción violenta. Así lo cree Antonella Estévez, académica de la Universidad de Chile y directora de FEMCINE, quien explica que “el modelo histórico y patriarcal de mujer, es ser mujer-madre. De hecho, para muchos antropólogos y antropólogas feministas el inicio del patriarcado aparece con la idea del territorio, cuando las organizaciones comenzaron a establecerse en un lugar y a protegerlo. En él, el rol de la mujer era procrear para asegurar el linaje. Es en ese momento histórico cuando aparece el control de la sexualidad femenina, esto, porque todo hombre deseaba que sus hijos fueran los que dominaran la tierra, entonces el primer rol que se le instala a las mujeres es el ser madres, así una buena mujer era patriarcalmente una buena madre”.

Al respecto, la escritora chilena Lina Meruane en su libro Contra los hijos señala que “en el tener hijos no solo persiste el llamado biológico (el proverbial reloj haciendo saltar su insoportable tictac), sino que a éste se añade la insistente alarma del dictado social: se suman las hormonas y los discursos de la reproducción haciendo que el mandato materno se vuelva difícil de esquivar. Es como si en el fondo, más allá de nosotras mismas, de nuestra posible resistencia, estuviera sonando un rayado disco demográfico, exigiendo o estimulando, en cada vuelta, de manera extrañamente acompasada, el seguir haciendo hijos”.

La decisión final

“Concluí que no quería ser madre luego de un proceso lento. Siempre en mi vida preferí cumplir mis metas profesionales y fui dejando la maternidad para un futuro. A los 20 años pensaba que los tendría a los 30, cuando cumplí 30 pensaba que a los 35, y así llegué a los 37 y me di cuenta de que no quería tenerlos y que nunca iba a ser el momento. Siento que es una responsabilidad abrumadora formar a una persona y quizás eso sobrepasaría mis capacidades, porque una puede equivocarse y echarle a perder la vida a un niño por falta de conocimiento, por prejuicio y quizás por la forma en que vives con ellos. Además, creo que el planeta está sobrepoblado y no necesita más gente”, comparte la periodista Marcela Arellano.

Sobre si se ha sentido discriminada por no ser madre, la profesional señala que “más que eso, las personas creen que al no tener hijos una es menos adulta y que no ha cumplido las etapas de la madurez. Por ejemplo, me he especializado, tengo un buen trabajo y mantengo mi casa, pero eso a veces no es suficiente, porque lo que espera la sociedad es que pases por ciertas etapas de la vida que son casarte y tener hijos. Esa es la trayectoria que se espera de una mujer, cosa que no voy a cumplir porque no está dentro de mi interés de vida. Entonces, me pasa que sin sentir que sea discriminatorio, me llaman ‘Marcelita’ en lugares de trabajo donde me deberían decir Marcela. Eso marca una diferencia muy importante”, revela la periodista.

La experiencia de quienes toman la decisión de no engendrar a veces puede ser traumática. Así lo cuenta Laura García en su charla: “Hay mujeres que tienen tan claro el tema de no tener hijos que recurren a la esterilización como método anticonceptivo definitivo y cuando van a pedir esa operación, muchos médicos las tratan con paternalismo, las infantilizan y hasta le hacen exámenes sicológicos. Yo me pregunto ¿cómo se le hace un examen sicológico a una persona que no quiere traer a nadie al mundo si la decisión solo podría afectarle a ella?”.

Antonella Estévez hace tiempo tomó la decisión de no tener hijos. “En la lógica patriarcal una mujer que escoge no ser madre no solamente está desafiando a su entorno, sino que está enfrentando al patriarcado mismo por negarse a cumplir el rol instaurado. Entonces quienes hemos tomado una decisión informada, hemos hecho un acto de valentía. Cuando lo escoges a consciencia, con todas las razones sobre la mesa y has conversado con tu pareja -si es que hay una-, me parece que no habría razón para sentir culpa, porque es una opción de vida tan valiosa como lo es la maternidad”.

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